Hay un enigma que no acabamos de entender: si Claudia Sheinbaum va a ganar por un amplio margen la competencia presidencial, ¿por qué López Obrador está debilitando a los árbitros electorales?

¿Acaso no le convendría más un Instituto Nacional Electoral (INE) y un Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) sólidos que legalizaran y legitimaran el triunfo contundente de su delfina?

¿Por qué prefieren los eventuales ganadores instituciones electorales frágiles?

Una respuesta simple es que ni AMLO ni Sheinbaum ni Morena le creen a las encuestas y no están seguros de un eventual triunfo contundente, de más de dos dígitos, tal y como apuntan hoy los sondeos. Ergo, por si hay una sorpresa, y resulta que Xóchitl Gálvez gana la Presidencia, como fue el caso de Calderón en 2006, pues ahí sí les beneficia un INE y TEPJF débiles, que puedan manipular para echar abajo la elección, como trataron de hacer hace 18 años sin éxito.

Yo estoy convencido de que, si Sheinbaum pierde, AMLO desconocerá el resultado. Nunca en su historia ha admitido una derrota y no va a comenzar al final de su carrera política. Utilizará todo el peso del Poder Ejecutivo federal para anular la elección. Esto se torna más factible con árbitros incompletos, debiluchos y controlados por Palacio Nacional.

En 2006, el IFE y el TEPJF se doblaron, pero no se quebraron. Tuvieron la suficiente fuerza para concederle el triunfo a Calderón. Eso no lo va a permitir López Obrador si gana Xóchitl.

Este escenario, hoy, se ve poco probable. Si Sheinbaum ganará, ¿por qué quieren árbitros disminuidos que tengan problemas en procesar el triunfo de su candidata?

Pongo una hipótesis sobre la mesa.

Esta será la última elección de López Obrador. A diferencia del pasado, no aparecerá en la boleta, pero será el que estará detrás de ella. Estamos frente a una elección plebiscitaria donde se decidirá si sigue el lopezobradorismo o no en el poder.

Lo que quiere AMLO es un resultado arrasador para demostrar que la 4T llegó para quedarse. Que en seis años se ha convertido en la fuerza hegemónica del país. Lo que pretende es hacer realidad su plan C. No sólo que Claudia retenga la Presidencia, sino que Morena y sus aliados ganen la mayoría calificada de dos terceras partes de la Cámara de Diputados y el Senado para poder reformar la Constitución a su gusto. Además, en el ámbito local, seguir expandiendo la presencia de Morena en los gobiernos estatales y municipales.

Van con todo por todo.

Es, como algunos han dicho, una elección de Estado. No se trata de renovar los órganos del gobierno, sino de establecer una nueva hegemonía política en México. Dentro del lopezobradorismo todo, fuera de éste, nada.

Un clarísimo proyecto de concentración del poder.

Hoy, Claudia tiene una mayor probabilidad de ganar la Presidencia. Palomita en el proyecto de AMLO. Lo que no tienen asegurado es la mayoría absoluta, mucho menos la calificada en ambas cámaras. Eso está dificilísimo. En parte por las reglas de la conformación del Poder Legislativo, en parte porque no es claro que Morena y aliados vayan a arrasar en las elecciones del Congreso.

Ya en 2021 la oposición en su conjunto (PAN, PRI, PRD y MC) sacaron más votos en la elección legislativa que el oficialismo (Morena, PT, Verde). Éstos lograron mayoría absoluta en la Cámara de Diputados por la sobrerrepresentación inherente del sistema de distritos uninominales. Pero se quedaron lejos de una mayoría calificada y, como tampoco la tenían en el Senado, el Presidente se quedó sin poder reformar la Constitución.

AMLO no quiere que esto vuelva a suceder. Pretende que su heredera pueda modificar la Carta Magna con el fin de concentrar aún más el poder y expandir el dominio de Morena.

Por tanto, si el lopezobradorismo no logra la mayoría calificada –ni se diga la absoluta– van a presionar a los árbitros para conseguirla como se pueda después de la elección. Y esto se vuelve más factible con un INE y un TEPJF debilitados.

Muchos dirán, y con razón, que es absurdo pensar que hubo fraude en una misma elección donde ganó Sheinbaum, pero no se llevaron el Congreso que querían. Ésas son minucias argumentativas para la 4T. Ya en 2006 argumentaron que hubo fraude en la elección presidencial mas no en las de Congreso, donde obtuvieron un buen número de diputados y senadores ni en la del Distrito Federal, que ganaron.

Van con todo por todo. Si no logran el plan C en las urnas, presionarán al INE y TEPJF para obtenerlo en la mesa. Ergo, tiene todo el sentido tener enfrente árbitros frágiles y manipulables.

 

X: @leozuckermann

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