JORGE VILLEGAS HERNÁNDEZ “eltiojorge.com”

CINE CANIBAL

Por muchas caras que tenga, la depresión nunca deja de ser la misma.

Destruye, acaba, aniquila; y en algunas ocasiones parece construir, aunque no se sabe por cuánto tiempo.

Mayormente, cuando es más peligrosa es cuando adopta diferentes caras y disfraces.

Se viste de confusión, de falsa alegría, de indiferencia, y de muchas otras actitudes, que en ese momento no vienen al caso.

Lo peligroso es que cuando no se pone atención a los falsos llamados de la depresión, ésta puede llegar a ser fatal.

Sin embargo posiblemente es eso lo que busca y desea ¡o lo que desea y busca aquella persona que es víctima de sus tentáculos!

Además, la depresión se acentúa fuertemente, cuando se encuentran “cómplices o aliados”, ya que no se suma tal cual, sino que se suma y se multiplica muchas veces.

Es 1993, una ´poca un poco difícil, o más de lo que es ahora, para “VIVIR DEPRISA, AMAR DESPACIO”.

Un parisino (JACQUES), ya un poco maduro, y un joven bretón (ARTHUR), encuentran un punto coincidente en sus vidas gracias, a una situación de trabajo del primero de ellos, que lo lleva a la ciudad del joven.

Jacques ha vivido una vida intensa, y algo complicada; enredado en numerosas relaciones homosexuales pasajeras; con un pequeño hijo llamado Louis, a quien apodan “LOU LOU”, producto de una relación con Isabelle, quien parece ser una mujer “extrañamente comprensiva”.

Arthur es un jovencito, aspirante a cineasta, curioso, inquieto y expectante a un despertar sexual diferente al que ha vivido con su novia.

Casi en el instante en que ambos personajes se conocen, surge un chispazo que los lleva a dejar algunas cosas, además de hacer el amor. Algo que se construye con calma aunque se viva de prisa.

Una historia compleja, desde luego.

Una historia que sorprende, sin duda alguna.

Una historia que explica aquello de “VIVIR DEPRISA, AMAR DESPACIO”.