En el panorama mundial persisten riesgos que ya empiezan a tener implicaciones en el desarrollo económico. Para el segundo semestre de 2019, las tensiones comerciales entre EE.UU. y otros países, principalmente China, continuarán siendo una fuente de incertidumbre. Esto ha provocado una contracción en el volumen de comercio, lo que a su vez ha contribuido a la expectativa de un menor crecimiento mundial.

En México, los datos que hasta ahora tenemos del segundo trimestre mantienen una inercia a la baja. El Indicador General de la Actividad Económica, una suerte de PIB mensual tuvo un resultado de -1.41% anual en abril y para mayo el índice de producción industrial registró una variación de -3.1% frente al año previo.

Las razones son las siguientes:

  1. El deterioro persistente de la calificación crediticia de Pemex y de la deuda soberana que no se contiene con la publicación reciente del Plan de Negocios
  2. La rigidez de la política fiscal de la nueva administración, que ha implicado el congelamiento del gasto público.
  3. La incertidumbre generada por varios mensajes de política económica, lo que ha contribuido a la caída significativa de la inversión privada.
  4. Una desaceleración más acentuada a nivel global, en donde los mercados de los grandes motores económicos, tanto en Asia como en Occidente, parecen estarse apagando.

En resumidas cuentas, mucho ha cambiado desde que empezamos el año. Si bien durante enero ya existían las preocupaciones de una economía perdiendo momentum, los buenos resultados de las economías avanzadas durante el primer trimestre y la esperanza de que los bancos centrales se tornaran bondadosos endulzaron nuestras expectativas de 2019. Pero los vientos ahora han cambiado y las tensiones se acumulan en todas las latitudes del orbe.

Abróchese el cinturón que este segundo semestre podría romper muchas quinielas ya que esperamos volatilidad tanto en el tipo de cambio como en el mercado de tasas.