Nuestro país es altamente deficitario en materia de Estado de derecho, tema que debería estar en un lugar protagónico en los comicios electorales del próximo año. El Estado de derecho no es la voluntad unilateral de un gobierno en favor de tener orden social y cumplimiento a la ley. Requiere de la disposición ciudadana para cumplir los diferentes ordenamientos que sustentan el pacto social. El gobernante promete cumplir y hacer cumplir las leyes, el ciudadano -tácitamente- promete cumplir (sin esa promesa intrínseca no debería ser ciudadano). Cuando en un país impera un desprecio generalizado por el orden y la ley, es muy difícil que los problemas se resuelvan con más leyes. No es un asunto de normatividad, es un asunto de conducta.

Nací arqueólogo sin saberlo. Una cueva remota y oscura confirmó mi vocación: lo mío sería desenterrar significados. Veo cosas y escribo y escarbo. Leo para darme cuenta lo poco que sé de todo. Fundador de Mindcode, ayudo a innovar y entender la conducta del consumidor. Hago preguntas para encontrar respuestas y después tengo más preguntas. Lo mío es caminar en la cueva, encontrar la luz y volver adentro. Al final espero un epitafio corto: Signifiqué.

Para entender el fenómeno propongo pensar en términos de fractales. Un fractal es una estructura que se puede replicar en diferentes escalas. La primera vez que lo expuse conté cómo un camión accidentado sufría el saqueo de los habitantes cercanos al siniestro. Esa actitud de saqueo es un fractal que vemos a otros niveles, como cuando una camarilla de políticos comete peculado. Conductualmente hablando, los fractales son patrones, actos que contagian acciones. Ver hacer algo (positivo o negativo) induce más de esa acción. De ahí mi obstinación en que hagamos de la vialidad un territorio para aleccionar en el cumplimento a la ley. Es un espacio democrático, abarca a quien posee un vehículo y a quien viaja en transporte público, al peatón, a conductores y pasajeros, sin importar su edad, género, sector social.

La vialidad debería ser el gran teatro experimental para encaminarnos a un Estado de derecho. Hace unos días transitaba por una calle saturada, en teoría tiene dos carriles, en la práctica sólo uno es transitable, el otro lo ocupan autos estacionados, a pesar de la prohibición (hay señales y línea amarilla). Esperando el semáforo, quedé alineado con un taxista indebidamente estacionado. Bajé la ventanilla y le dije que estaba bloqueando un carril, que estaba estacionado en lugar prohibido. «No soy el único, otros más lo hacen», justificó su conducta, y añadió «además estoy trabajando». Aquí tenemos otro fractal, personas que argumentan el incumplimiento de la ley en virtud de una justificación, sin importarles las consecuencias que provocan. Por supuesto, el complemento de esta tormenta perfecta es la impunidad; al no haber consecuencias, no hay inhibidores para una sociedad a la que le sobran excusas y le falta civismo.

En el reporte mundial sobre Estado de derecho (https://worldjusticeproject.org/rule-of-law-index/global/2022) México está en la posición deshonrosa 115, de 140 países. El índice mide los siguientes rubros (el número es el sitio que ocupa México): limitaciones a los poderes de gobierno 102; ausencia de corrupción 134; transparencia gubernamental 44; derechos humanos 91; orden y seguridad 130; cumplimento a regulaciones 104; justicia civil 131; y justicia criminal 128. Necesitamos un mejor gobierno, también una mejor sociedad; una sociedad que no se acostumbre a ver excepciones en la aplicación de la ley, una sociedad que vea que la ley se aplica sin distinción alguna, así se trate de alguien famoso, con poder e influencias. Sin justicia pareja, no habrá Estado de derecho.

El próximo presidente de la República debería promover una reforma judicial en aras de disminuir la aplicación selectiva de la justicia, la impunidad y encauzar una verdadera lucha contra la corrupción, considerando que ésta no es únicamente la que viene del gobierno sino la que se practica cotidianamente como modo de solventar los asuntos en la sociedad (en su momento le expresé al candidato López Obrador que no podría erradicar la corrupción si no la veía como un fenómeno cultural).

La ventaja es que los cambios de conducta son pendulares y aceleran su marcha a través del contagio social. Necesitamos líderes gubernamentales, empresariales, sociales que abanderen una cruzada en favor del Estado de derecho. Sembrar civismo desde la educación escolar y familiar. Cuando muchos mexicanos dejen de excusar su conducta ilícita porque «todos lo hacen», entraremos a una zona de Estado de derecho, con la fuerza del mismo ejemplo: «todos lo hacen».

@eduardo_caccia

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