Si la vacunación en México se resolviera con fotos de funcionarios públicos recibiendo cargamentos de vacunas en el Aeropuerto de la Ciudad de México, ya se hubiera solucionado este problema. Las imágenes son parte de la propaganda gubernamental para asegurar a la población que el gobierno está trabajando cotidianamente por inocular, alcanzar la inmunidad de rebaño y, finalmente, superar la pandemia de covid-19. En eso de la propaganda, hay que reconocerlo, son buenísimos.

Ojalá las acciones propagandísticas estuvieran sustentadas en resultados. No es así. Al primero de marzo, de acuerdo con Our World in Data, el 2% de los mexicanos había recibido por lo menos una dosis de la vacuna. Estamos por debajo del promedio mundial que es de 3.2 por ciento. Brasil, el otro gigante de América Latina, también va lento, pero ya alcanzó el 4% de su población. Chile es la estrella latinoamericana con el 18 por ciento. Nuestro vecino, Estados Unidos, lleva el 23 por ciento. El líder mundial es Israel donde el 95% ya recibió una dosis.

La realidad pura y dura es que la vacunación en México va en cámara lenta.

El problema es la falta de vacunas. Aquí, por un lado, en un documento del primero de febrero, el gobierno afirma que ya aseguró 174 millones de dosis para este año de Pfizer, AstraZeneca, CanSino, Sputnik V, AstraZeneca-India y del mecanismo Covax de las Naciones Unidas. Supuestamente, empezarían a llegar durante febrero, pero, en realidad, arribaron pocas de las listas para aplicarse. Ahora el gobierno aduce que habrá más dosis en este mes de marzo.

Perfecto. Pero, por otro lado, el mismo gobierno se queja de acaparamiento de las vacunas en los países desarrollados que las inventaron y producen. Además, el presidenteLópez Obrador le solicita públicamente al presidente Biden un préstamo de vacunas. Si tienen aseguradas ya las dosis, ¿por qué se queja el gobierno de acaparamiento y pide ayuda a Estados Unidos?

El vecino del norte no va a compartir con nadie sus vacunas. Los políticos de allá responden a los intereses de sus votantes. Claro que le van a dar prioridad a su población. Si México hubiera desarrollado y estuviera produciendo una vacuna eficaz, también estaría privilegiando la aplicación a los habitantes de su territorio. A pesar de la globalización, vivimos en un mundo de Estados-nación donde los gobernantes responden a intereses nacionales. Seamos realistas: las vacunas de Estados Unidos no van a llegar a México hasta que se haya resuelto la demanda en ese país y haya una sobreoferta de estas sustancias.

Todo indica que, entonces, la vacunación va para largo en México. Y ajustemos nuestras expectativas. Esto no va a solucionar inmediatamente el problema de la pandemia de covid-19. Al menos por dos razones.

Primero, por la aparición de nuevas cepas del SARS-CoV-2 que están resultando más contagiosas y letales. Además, bien a bien, no se sabe si las vacunas protegen del todo contra estas nuevas variantes del virus.

 Segundo, nos puede pasar lo que ocurrió en Israel. Resulta que, conforme avanzaba la vacunación, subió el número de contagios y fallecimientos. La población, emocionada por el buen ritmo de inoculación, se relajó de las medidas para evitar más contagios. Salieron a las calles, no guardaron sana distancia, se hicieron reuniones privadas y dejaron de utilizar el cubrebocas. Conforme se iban vacunando, bajaron la guardia. Ante esto, el gobierno decretó un tercer confinamiento nacional para detener los contagios. Yo me puedo imaginar perfectamente que esto ocurra en México conforme avance la vacunación.

Por lo pronto, al día de hoy, hay más propaganda que vacunación efectiva. Como decía arriba, eso sí lo hacen bien este gobierno. Mantiene la llama de la esperanza prendida. Algún día, pensamos, nos va a tocar nuestra inyección. Ahí vienen, ya llegaron al aeropuerto, las están envasando, ya las recibieron unos cuantos a adultos mayores en municipios marginados, consiguieron dosis de los rusos, ya aprobaron las chinas, etcétera, etcétera. Y, al final, sólo 2% de la población mexicana está vacunada, la mayoría de una sola aplicación.

Una última nota. Es una vergüenza que, con las pocas dosis que se han aplicado, no la hayan recibido los ancianos que viven en asilos. Ahí vive y convive la población de mayor riesgo. Ahí han ocurrido verdaderas tragedias en todo el mundo. Sería bueno que el gobierno les diera prioridad. Hasta les serviría para su propaganda.

 

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