Saber quién gana en política depende de a quién se le pregunta, ya que por lo general la respuesta esta influida por las querencias, o como les gusta decir a algunos, por las filias y fobias y todos las tienen. Ejemplos sobran, pero tome usted el reporte de la marcha pro AMLO, según El Universal fueron 1,000 personas y según La Jornada fueron 5,700, una gigantesca diferencia, y lo que cualquiera preguntaría es, ¿cuál es su fuente y cuál de los dos mintió?; la pregunta siguiente debe ser ¿por qué mintió?, pero esta resulta una pregunta retórica debido a la poca honestidad de muchos medios de comunicación.

Quiero llevar el mismo enfoque a dos procesos políticos recientes: las elecciones en Hidalgo y Coahuila, y la elección de presidente y secretario general de MORENA.

Respecto a las elecciones en esos estados, según algunos el gran (ojo con lo superlativo) perdedor es MORENA, porque no cumplió con la expectativa de que se repitiera la ola amlista y no barrieron en ambos estados, de ahí se desprende el argumento de que MORENA es AMLO o no es nada y como el no participó por eso perdieron; para otros el gran perdedor es el PAN porque perdió posiciones, lo que sin duda es un retroceso, de ahí se desprende la crítica al liderazgo del PAN que se dedica más a vociferar en contra del gobierno desatendiendo a las bases del partido y permitiendo que los rebasaran por la derecha los grupos golpistas que tal vez ahuyentan votos; para otros, el gran perdedor son los anti priistas porque odian a ese partido y los resultados les demuestran que el partido vive, aunque lo haga asistido con tanques de oxígeno. Otros analistas indican al hecho de que los gobernadores pudieron manejar la elección, lo que implica una dosis específica de manipulación y de fraude electoral. Así resulta que en principio, según todos los analistas, todos perdieron, pero desde el punto de vista de los resultados reconocidos legalmente, el único ganador es el PRI porque reafirma su posición en dos Estados que no ha soltado en casi un siglo, esto no implica que ese partido este viviendo un resurgimiento, ni que con esos dos triunfos se posicione nacionalmente revirtiendo la caída constante en las encuestas, para esa conclusión hay que esperar a las elecciones del 2021.

En la elección de MORENA hay quién piensa que el gran perdedor es el partido porque tiene que reconocer que fue incapaz de organizar su propia elección y tuvo que aceptar la intromisión del INE y el TRIFE. Ese proceso representa una suerte de despolitización del partido, porque un ejercicio estadístico suplantó un momento para activar a las fuerzas y que confrontaran sus ideas y posturas políticas. La situación política por excelencia del partido, la elección de sus dirigentes, quedó en manos de empresas encuestadoras, bajo la sanción de autoridades electorales que lejos están de ser garantes de la democracia. Todo indica que el mecanismo de opción estadística les gustó y ya anunciaron que lo aplicaran para la elección de dirigentes en todo el país.

En el proceso de elección de dirigentes los MORENISTAS mostraron inmadurez política e institucional y las tensiones internas que los estrujaron parecen recordar el tipo de lucha entre tribus/facciones que terminó por destruir al PRD, es lo que algunos llaman la perredización de MORENA, dónde la fuerza dominante barría a las demás lo máximo posible, porque no había la voluntad de gobernar en equipo, esto por supuesto facilitó la corrupción. Algunos se preguntan quiénes son los Chuchos de MORENA.

La fuerza del PRI consistía en que todos se acomodaban a las decisiones, ellos decían que eran disciplinados e institucionales, y eso llevaba a que esperaran alguna recompensa al someterse a decisiones que los afectaban; la debilidad de los demás partidos que han gobernado y ahora de MORENA, es que tienden a no acomodarse a las decisiones y el campo de batalla no cesa, eso les da la imagen de rijosos, desorganizados, y los somete a una dinámica de tensión interminable, que se agrava ante la inexistencia de mecanismos efectivos (los formales son infructuosos) de resolución de disputas, de ahí la existencia de posturas golpistas como la de Muñoz Ledo a desconocer los resultados de la encuesta, y la tendencia a judicializar procesos políticos, lo que los lleva a los brazos de la mancuerna INE-TRIFE que se regodea con golpear al “partido del presidente”.

En resumen. Así como mal empieza la semana al que cuelgan en lunes, mal le va a la vida política de un partido que requiere de una mano externa para ponerse de acuerdo.