Se han estado presentando, casi simultáneamente, diversos factores económicos a nivel global que indican la cercana posibilidad de que se sufra una recesión mundial, con efectos similares o superiores a la de 2008/2009, que derrumbó la economía estadounidense y que arrastró a la Unión Europea y a todas las economías emergentes. México perdió en 2009 más de un 6 por ciento de su Producto Interno Bruto, aunque ya en 2010 logró un incremento de 5 por ciento del PIB, gracias a medidas contracíclicas implementadas por el Gobierno de Felipe Calderón. Estados Unidos tardó tres años en volver a recuperarse, lo que logró invirtiendo miles de millones de dólares en sus empresas. Europa por su parte, se desequilibró tanto que algunos países todavía no se recuperan como Grecia, España e Italia; igualmente el Banco Europeo inyectó miles de millones de euros en préstamo a los países para que no quebraran.

La situación global ahora es también inquietante: La economía alemana descendió a -0.01 por ciento en el segundo trimestre; cayeron todas las bolsas no sólo las de Europa, sino también las de Estados Unidos, las de Asia y las de América Latina; el Bréxit parece ya inevitable y se estima que la economía inglesa caiga 4 por ciento en 2020; los conflictos comerciales entre Estados Unidos y China se han recrudecido, pues Trump sigue amagando con más aranceles a los productos de China y ésta ha devaluado su moneda para abaratar sus exportaciones y neutralizar parte de esos aranceles; en Norteamérica, la producción industrial se ha estado desacelerando y aunque se espera un crecimiento del PIB de 2.5 por ciento en 2019, para 2020 se estima solo un crecimiento de 1.6.

Ante esta difícil situación de la economía global, México está sufriendo un estancamiento económico, lo cual fue reconocido por el Banco de México al bajar la tasa de referencia en 0.25 puntos, para dejarla en un 8 por ciento que todavía es alta, pues con una inflación menor al 4 por ciento deja un rendimiento neto muy atractivo para los inversionistas; la Secretaría de Hacienda también ha reconocido que la economía nacional se ha desacelerado, al autorizar inversiones públicas por 480 mil millones de pesos para estimularla.

¿De qué depende la economía mexicana? En primer lugar de las exportaciones industriales, principalmente del sector automotriz, pero el índice de producción industrial en junio cayó 2.9 por ciento y lleva ya ocho meses negativos, las exportaciones agropecuarias también están ayudando pero las cuotas compensatorias al tomate debilitan este rubro.

En segundo lugar, la economía mexicana depende del turismo, que es también una forma de exportación de servicios, pero, en el primer trimestre descendió 0.8 por ciento y se temen bajas en los siguientes dos o tres años por la inseguridad, la invasión del sargazo y por la caída en la economía nacional que ha impactado en el turismo interior.

México también depende de las remesas de nuestros perseguidos trabajadores en Estados Unidos, pero el problema de la migración ha ocasionado que muchos trabajadores mejor se están escondiendo que trabajando.

Igualmente los ingresos por el petróleo han disminuido por la poca producción de crudo, además de que la balanza comercial en este sector no se recupera, pues se gasta más en gasolina y petroquímicos que lo que se vende de crudo.

La inversión extranjera directa es indispensable para México, no sólo por su aportación de moneda extranjera, sino porque proporciona empleos, paga impuestos y produce para consumo nacional. No es explicable que el Gobierno rechace esta inversión, la satanice y pretenda que el País, con un nacionalismo trasnochado, invierta en lo que los particulares quieren invertir y así permitan que el gobierno se dedique a otorgar mejores servicios de seguridad, salud, educación y cuidado del medio ambiente.

Además, aunque no se quiere mencionar y habrá quien se escandalice, lo cierto es que la economía nacional tiene años beneficiándose del narcotráfico de exportación, aunque el costo ha sido terrible para México, en vidas humanas y desorden social.

Para que México pueda enfrentar una crisis económica global requiere prepararse con fondos de reserva, cuidando los que hay y creando nuevos; requiere medidas contracíclicas para detener los factores negativos y planes cíclicos para estimular los positivos como el turismo y las exportaciones; se requiere también un “plan B” para el petróleo y gas; un “plan B” ante la salida de capitales y “planes B” para captar inversión privada nacional y extranjera; además, se requiere un liderazgo en el que se tenga credibilidad y confianza.

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