No recuerdo con exactitud el año, sin embargo, era yo estudiante de la Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas cuando Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano (CCS) estuvo en las instalaciones de dicha escuela. La visita tuvo sus bemoles, de ella recuerdo la respuesta que el ingeniero Cárdenas me dio al preguntarle qué debía estudiar para ser político. Él se limitó a decirme (palabras más, palabras menos): “para ser político no se necesita una carrera”. Admito que su respuesta me decepcionó. Pero bien dicen que solo el tiempo nos da la madurez, así comprendí (y quiero creer) que el ingeniero Cárdenas se refería a que una licenciatura no es requisito para participar en política y que tampoco existen estudios específicos para dedicarse al servicio público. Después, coincidiría en varias ocasiones con quien fuera el primer jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Recientemente, el tres veces candidato presidencial publicó Por una democracia progresista. Debatir el presente para un mejor futuro (Debate, 2021), puedo decir que la portada y contraportada me parecieron bastante atractivas, confieso que tenía amplias expectativas. Llegué a considerar que se trataba de un análisis, sino académico, sí profundo, concienzudo y, particularmente, objetivo. Sin embargo, el cariño hacia su padre, el general Lázaro Cárdenas (a quién dedica una buena parte del libro), nubla la perspectiva del autor; lo que convierte dicho texto en un amplio repaso histórico de México. El cual, por cierto, bien puede complementarse Neoporfirismohoy como ayer (Grijalbo, 2014), escrito por Andrés Manuel López Obrador.

Cabe destacar que al referirse al periodo “de desmantelamiento institucionalizado, subordinación y retroceso material”, el hijo pródigo de la izquierda mexicana evitó delimitar el tiempo, a diferencia de las otras etapas que menciona. Tal vez, y solo tal vez, fue para no ofuscar al presidente, pues, de manera implícita, lo incluye en ese desmantelamiento, subordinación y retroceso.

El también doctor honoris causa por el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), cometió una omisión que me parece importante esclarecer, pues atribuye a Francisco I. Madero la redacción total del Plan de San Luis, cuando dicho manifiesto es resultado de la coautoría de Roque Estrada, Federico González Garza, Juan Sánchez Azcona y Enrique Bordes Mangel. Siendo este último, un ilustre personaje revolucionario en Baja California, pues además de vivir sus últimos días, murió y está sepultado en Tijuana.

Con su libro, Cuauhtémoc Cárdenas nos lleva de la mano por un viaje al pasado a lo largo de 17 de los 19 capítulos de su obra. Los dos restantes los dedicó al futuro. En el última de las partes, el autor comparte una serie de reflexiones sobre el neoliberalismo, la construcción de la democracia, la equidad fiscal, los pendientes electorales, la milicia, la economía, el mundo laboral, la rebelión de las mujeres, la multiculturalidad, la energía, el campo, la biodiversidad, entre otros. Aunque, llamó poderosamente mi atención que el autor dedicara una mención al intento antidemocrático del exgobernador efímero de Baja California por ampliar su gobierno, un hecho que Cárdenas Solórzano compara con un “globo sonda”.

En lo que coincido ampliamente con don Cuauhtémoc es que la democracia debe ser progresiva, impera la necesidad de pasar de una democracia meramente representativa a una participativa, así como que es necesario que tomemos un respiro para analizar si verdaderamente las decisiones del presente avizoran un mejor futuro para México.

Post scriptum“Estudiar y prepararse es deber de todo ciudadano”, Lázaro Cárdenas del Río.

* El autor es candidato a doctor en Derecho Electoral y asociado individual del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP).

 

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