La “vanidad” se entiende como el orgullo que un ser humano tiene por sus propios méritos, así como su excesivo afán por ser admirado. Partiendo de dicho precepto, quiero referirme a la situación interna por la que atraviesa en este momento el Partido Revolucionario Institucional (PRI), particularmente en Baja California.

Para comenzar este análisis, es preciso partir definiendo las características que deben tener las dirigencias locales del partido más longevo de México; quienes, para reposicionarlo como una opción viable y competitiva, deben concentrarse en DEPURAR, ORGANIZAR y FORTALECER dicha institución partidista. Parte de la situación que hoy prevalece, es el resultado del uso de las dirigencias, estatal y municipales, para capitalizar a su favor; así, se dedican a personalizar los esfuerzos institucionales y cobrar la “factura” política con candidaturas o posiciones oficiales. Por tanto, se requieren dirigentes que aspiren a servir, en lugar de pretender una fotografía o entrevista.

Además, considero que para que dicho partido consiga la unidad auténtica, requiere desaparecer sus sectores, ya que estos distan mucho de la visión que tuvo Lázaro Cárdenas en los años 30. Ahora, los sectores con manejados como un botín político por quienes se dicen sus “representantes”; la realidad es que se trata de extorsionadores profesionales que aspiran a negociar reducidos cotos de poder, a cambio de sus “rehenes” políticos. Nada más reprobable que negociar con la dignidad de las personas.

Por otra parte, la vanidad de algunos actores por aparecer en la prensa o las redes sociales, además de ser una visión miope y una actitud imprudente, atenta contra la institución que, se supone, dicen proteger. Por ello, me pregunto, ¿en dónde queda la convicción de los priistas que aseguran anteponer el bienestar de su partido a su interés personal?

Como lo dijo Jesús Reyes Heroles: “En política, la forma es fondo”. Así, las batallas deben librarse en el campo correcto; si se trata de un asunto jurídico debe atenderse en las instancias correspondientes, no en la prensa. Con ello, hago alusión a la actitud de los priistas “propuestos” para ser expulsados. Entre ellos, una pobre minoría decidió emitir declaraciones a los medios y, lo peor, es que lo hicieron para desestimar la presunta expulsión. Su actuar deja en claro que, por encima de su lealtad, se encuentra su vanidad y protagonismo.

Las actuales generaciones priistas son herederas de un PRI agraviado por sus propios miembros, atrás quedó la llamada herencia revolucionaria. Afortunadamente, entre ellos destacan elementos que tienen en claro el peso histórico y la convicción que se requiere para salvar el barco. Su reto es mostrar estatura política. Porque, en todo hundimiento, las ratas son las primeras que saltan.

La buena nueva es que el PRI tiene las causas ideológicas para ganar, pero no los medios, por eso impera la necesidad de DEPURAR, ORGANIZAR y FORTALECER. Todo partido político, como institución, ésta por encima de sus militantes. Ningún partido es malo per sé, la causa real del rechazo y desaprobación ciudadana son los elementos ponzoñosos que tanto lo denigran.

Post Scriptum. “La base es la clave”, #YoMero.

 

* El autor es consultor político, catedrático y escritor.

 

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El autor es escritor, catedrático y analista político, Estudió la Maestría en Comunicación Estratégica para Gobiernos y se ha especializado en Comunicación Contemporánea y Marketing Político; Ciencias y Desarrollo Político; Estrategias y Gestión de Campañas Electorales, y Formación Ciudadana Cívico-Electoral, principalmente.

Se ha desempeñado como servidor público federal y municipal así como en el extranjero; docente universitario, analista político y columnista. Es miembro activo de la Agrupación Política de Baja California, de la cual ha sido tesorero, secretario y presidente de la comisión de Educación, a través de la cual editó el cuadernillo cívico “Mi patria es primero”.