Cuando era adolescente se puso de moda un juego llamado Maratón, había una serie de tarjetas que tenían impresas por un lado preguntas de diferentes temas: historia universal, geografía, conocimientos básicos, artes, deportes y entretenimientos, ciencia y tecnología y cultura general; un tablero donde los jugadores escogían una ficha de color a excepción de la negra que simbolizaba “la ignorancia” y un par de dados para que cada jugador tirara y de acuerdo al número se le hacía la pregunta correspondiente. Cada vez que un jugador respondía de forma correcta avanzaba casillas, si se equivocaba se movía la ficha negra con la sentencia “la ignorancia avanza”.

Y la ignorancia avanza a  pasos agigantados en todas partes y seguimos sin darle importancia a la lectura, a la cultura general,  menospreciando la memoria -¿Para qué si lo puedo encontrar en internet?, además dicen, no se debe memorizar nada-,  día a día más personas desdeñan el  conocimiento.

Hace un par de días llamé a un centro de atención bancario para preguntar por una sucursal abierta los sábados, después de tener que escuchar una grabación con el menú para lograr que me contestara un operador y del consabido discurso de bienvenida/presentación una señorita muy amable pregunta que necesito y en qué ciudad me encuentro,  -en Tijuana, le respondí.

-¿Podría indicarme en qué estado esta esa ciudad?

-Baja California,

-¿Sur?,

-Baja California, repetí

-¿Qué municipio es?

-Tijuana, volví a decir tratando de controlar mi molestia

-Es que solo me aparece el municipio de Algodones en Mexicali y San Quintín…

Mientras tanto yo solo llevaba la cuenta de cuántas casillas había avanzado la ignorancia.