Hace seis años, en vísperas de la elección presidencial de 2012, di un par de conferencias con mi colega Macario Schettino. A pesar de compartir muchos puntos de vista con él, en aquella ocasión tuvimos una diferencia. Macario estaba preocupado por el posible regreso del PRI a Los Pinos con la posibilidad de una mayoría en ambas cámaras del Congreso. Pensaba que, de darse ese escenario, habría una restauración del régimen autoritario. Yo no lo creía y cruzamos una apuesta, apuesta que nunca le pagué por una razón: sí ganó Enrique Peña Nieto, pero el PRI no obtuvo mayoría en el Congreso. Seis años después he regresado a revisar los términos de aquella apuesta y me he encontrado que, cambiando los nombres de Peña por Andrés Manuel López Obrador y del PRI por Morena, estamos frente al mismo fantasma, es decir, el de una posible restauración autoritaria.

Schettino pensaba que, de ganar Peña (pongo entre paréntesis AMLO para comparar las similitudes) con mayoría en el Congreso, los priistas (morenistas) procederían a hacer lo que habían hecho en los gobiernos de los estados, es decir, abusar del poder para acumular fortunas y perpetuarse en el gobierno. Decía que utilizarían los programas de combate a la pobreza con fines electorales. El nuevo Presidente priista (morenista) regresaría a la opacidad en estos programas para así utilizarlos a su antojo.

Macario argumentaba que los priistas (morenistas) le restarían independencia a instituciones como la Suprema Corte de Justicia. Afirmaba que al próximo Presidente le tocaría nombrar a seis ministros y que trataría de hacerlo con aliados suyos. Esto sería posible por la regla existente: el Ejecutivo decide quién ocupa la vacante en la Corte si el Senado no aprueba, con una votación de dos terceras partes, la terna de candidatos presentada por el Presidente en dos ocasiones. Todo dependería, entonces, de la oposición, ya que el PRI (Morena) no contaría con las dos terceras partes de los votos. Digamos que la oposición siempre le rechazara las ternas al Presidente. Pues acabaríamos con una mayoría de ministros —seis a cinco— nombrados exclusivamente por el Ejecutivo.

Otro de los argumentos de Macario era que los priistas (morenistas) cambiarían el mandato del Banco de México para incluir el objetivo del crecimiento económico aparte de la estabilidad de los precios. De esta forma se perdería el foco de la política monetaria que podría ser más afín a objetivos electoreros promovidos desde la Presidencia. Para ello, sin embargo, se necesitaría una reforma constitucional. Schettino pensaba que el PRI (Morena) podría conseguir este cambio con el apoyo de algunos partidos de oposición.

Lo mismo con la posibilidad de eliminar cien diputados plurinominales y desaparecer los senadores de representación proporcional. Esto, como bien apuntaba Macario, fortalecería la presencia del PRI (Morena) en ambas cámaras. Pero, para ello, se necesitaría, otra vez, de una reforma constitucional. Schettinocreía que, en esta reforma particular, el PRI (Morena) podría contar con votos de partidos opositores.

Hay muchos temas más de cómo podría darse una regresión democrática con un Presidente priista (morenista) con mayoría en el Congreso. Sin embargo, el que más me preocupó entonces, porque involucraba mi actividad profesional y la de Macario, fue el de la libertad de expresión.

Los doce años de gobiernos panistas, de Vicente Fox y Felipe Calderón, los medios habíamos gozado de libertad para decir lo que se nos pegara la gana. Durante el sexenio actual de Peña, se criticó, algunas veces con mucha fuerza, al Presidente y a instituciones como las Fuerzas Armadas. Sin embargo, algo de libertad de expresión se perdió por la salida del aire de algunas voces críticas al gobierno. En todo caso, la duda era , entonces, si los priistas aguantarían opiniones contrarias u operarían para censurarlas. Pues la misma duda está hoy presente con AMLO y su mayoría morenista en el Congreso.

Hace seis años, nunca supimos de una posible restauración autoritaria porque Peña Nieto no consiguió mayoría en el Legislativo, cosa que sí logró López Obrador, al punto de quedarse a unos pocos votos de legisladores de poder cambiar la Constitución.

¿Cómo ves, querido Macario? ¿Van a respetar o no las instituciones democráticas y los derechos propios de una democracia-liberal incluyendo la libertad de expresión? Por lo que leo en tus columnas, no estás muy optimista que digamos. Por mi parte, yo también tengo mis dudas así que, en esta ocasión, no podremos cruzar otra apuesta. De todas formas te invitaré una buena comida para discutirlo.

                Twitter: @leozuckermann