Dos buques son atacados en el Medio Oriente.

Uno de ellos es japonés y casualmente es atacado mientras el ministro de Japón se entrevista con el Ayatola iraní para tratar de resolver el conflicto de éste con Trump.

Trump no dice nada, pero su gobierno informa que según «su inteligencia» (la misma que acusó a Hussein de tener armas nucleares y biológicas que solo existían en la «inteligencia» del gobierno americano) el atacante fue Irán.

Claro, como todos sabemos, los iraníes están locos y por lo tanto invitan al primer ministro de Japón a verificar que no han violado el tratado que firmaron con todo el mundo y de postre vuelan uno de sus barcos petroleros.

O será que Trump, que nunca pierde oportunidad para generar un buen conflicto que le permita a su base sentirse en una película del salvaje oeste en el que defienden a los Estados Unidos de los malos que son todos los demás, manda volar el buque con la esperanza de que se acuse a Irán y así poder elevar el nivel de su conflicto y acelerar su campaña política que, por mera coincidencia se inició ¡el mismo día del ataque!!

Japón está investigando y no da credibilidad a las afirmaciones americanas, solo los noticieros americanos repiten -igual como lo hicieron con Bush- que hay pruebas ‘irrefutables’ de la culpabilidad iraní, mientras el resto del mundo observa a Trump repetir lo que su «inteligencia» -a la que el mismo a acusado de mentirosa ad infinitum- asegura que fue Irán.

Las elecciones apenas comenzaron.

Irán, México, Canadá, Alemania y la OTAN mejor se amarran el cinturón porque este es apenas el comienzo de una campaña de confrontación diseñada con el único objetivo de mostrar a Trump como el Marshal más Marshal de todos los Marshals, «The man» que salvará al mundo, dirían él y sus seguidores.

Así que a ponerse los lentes antirreflejantes y a prepararnos para la campaña más extraña que jamás hayamos presenciado en Estados Unidos.