Tres de las áreas de mayor importancia para que se desarrolle un país económica y socialmente, son: la seguridad, la salud y la educación. De ellas depende, en gran medida, el éxito que se tenga en otras áreas de interés nacional. Un sistema de seguridad robusto protege a los ciudadanos de amenazas internas y externas, como el crimen organizado, las guerras y los desastres naturales. Un país seguro permite que sus ciudadanos vivan en paz y sin miedo a la violencia, y permite el desarrollo económico, la estabilidad política y el bienestar social. Un buen sistema de salud es fundamental para el bienestar de los individuos: una población sana es más feliz, más productiva y tiene una mayor esperanza de vida. De la educación depende la posibilidad de que las personas se realicen como seres humanos, salgan de la pobreza, convivan en armonía con los demás y participen en la vida pública en un sistema democrático.

Sin embargo, no todas las áreas públicas tienen la misma visibilidad social y, por consiguiente, la misma importancia para quienes buscan un cargo de elección popular. El nivel de seguridad de un país es altamente visible, pues se mide por el número de delitos que ocurre en un tiempo determinado: muertes, extorsiones, secuestros, asaltos, robos con violencia, violaciones, fraudes, cobro de piso. Los registros públicos y las encuestas dan fe del nivel de seguridad de una nación y de la percepción que tiene la sociedad al respecto, lo que continuamente se publica en los medios de comunicación.

También, el nivel de salud de un país es altamente visible. Las personas sufren las enfermedades que deben atenderse en las instituciones hospitalarias. La proporción de personas que tienen acceso a dichos servicios representa una medida básica de su sistema de salud, además de la calidad de las instalaciones sanitarias y de los servicios que se ofrecen en ellas. La mortalidad infantil, la esperanza de vida, las morbilidades, la propagación de enfermedades, el acceso a medicamentos y la cobertura de vacunación son indicadores de salubridad y están a la vista de todas las personas, así como de los medios de comunicación.

Por el contrario, el nivel educativo de un país prácticamente es invisible para la mayoría de las personas. Los indicadores más obvios son los que se refieren a la cobertura escolar, al rezago educativo, al analfabetismo, al nivel escolar de la población. Sin embargo, la inmensa mayoría de los ciudadanos desconoce esta información. Lo mismo sucede con la suficiencia y calidad de la infraestructura y equipamiento escolar; con la pertinencia del currículo y la calidad de los libros de texto; la cualificación de los docentes; la cobertura de los programas de estudio; las horas efectivas de clase, la convivencia escolar. Más difícil es, aún, conocer los niveles de aprendizaje de los estudiantes, que permanecen invisibles, inclusive para los familiares, quienes reciben al final del ciclo escolar una boleta de calificación, que solo alude a una apreciación del docente sobre el aprovechamiento académico del estudiante, sin especificar las competencias adquiridas. No obstante, dicha apreciación no es comparable con la de otros maestros, especialmente, cuando pertenecen a escuelas diametralmente distintas. Por ejemplo, los estudiantes de escuelas indígenas pueden terminar la primaria con un nivel de lectura equivalente a 3º de primaria, mientras que los alumnos de una escuela de élite privada pueden terminarla con un nivel de 3º de secundaria; es decir, la brecha es de seis grados en competencias lectoras, con la misma calificación aprobatoria. Lo mismo sucede en matemáticas y en las demás asignaturas. Lo paradójico es que los padres de familia están satisfechos con el sistema escolar, en gran medida, por que atienden a sus hijos, los mantienen en un lugar seguro y porque desconocen sus niveles de aprendizaje reales.

Para visibilizar la calidad de la educación, diferentes países han creado instituciones o programas que generan y publican indicadores de aprendizaje; tal es el caso de NAEP en los Estados Unidos, ACER en Australia y CITO en Holanda. México lo tuvo de 2002 a 2018, con el INEE. Ahora, sin esta información nacional, la educación se asemeja a las tuberías de agua que van por debajo de la tierra: son indispensables, pero nadie las ve, y por ello, escasamente se invierte en ellas. Preocupa que los aspirantes a ocupar la presidencia de la República no le pongan la debida atención a la educación, dado que, por su falta de visibilidad, no es redituable electoralmente; la inversión que propongan para el sector, será la medida de su interés.

Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa. A. C.

@EduardoBackhoff

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