• El consumo de bienes no se ha recuperado y ha tendido a presentar nulas tasas de crecimiento al menos desde hace una década. 
  • La inflación, la dinámica laboral, la confianza y las expectativas de los consumidores impactan negativamente en el consumo, minando la perspectiva de crecimiento.
  • Para incentivar el consumo se necesita dinamizar el mercado laboral y reorientar la inversión y el gasto público y privado a sectores productivos.

Uno de los componentes del PIB y determinante de su dinámica es el consumo total. Esta variable es fundamental porque en los últimos años ha representado cerca del 58% de la demanda agregada del país. Particularmente el consumo de bienes se ha mantenido en una tendencia aletargada de los últimos diez años donde la tasa de crecimiento es prácticamente nula. Entre los factores que explican este comportamiento actualmente se encuentran la alta inflación -que llevan a altas tasas de interés-, los salarios y los empleos de mala calidad, la confianza de los consumidores y las expectativas de los agentes respecto del comportamiento de la economía. 

De acuerdo con el indicador mensual del consumo privado en el mercado interior que publica el INEGI, el consumo de bienes, medido por el cambio porcentual respecto al mes inmediato anterior, no ha tenido variaciones significativas luego de los considerables efectos que tuvo la pandemia en México y en el mundo. El movimiento más destacado fue la drástica caída en abril de 2020 de -21.1% seguida del importante rebote de 13.6% en junio, para luego retomar el comportamiento plano. La expectativa de que luego de levantar las restricciones sanitarias repuntara el indicador no se ha cumplido.

A pesar de los esfuerzos del gobierno con medidas como el aumento histórico al salario mínimo, la inflación ha minado la confianza de los consumidores al reducir su poder adquisitivo y su capacidad de compra. Si esta tendencia de la inflación no se modera y las tasas de interés siguen muy altas, se puede esperar que el consumo empiece a decaer, sobre todo en los deciles medios de la población que son las que mayoritariamente mantienen el consumo en los países.


Los bajos salarios y los empleos de baja calidad, que entre sus componentes tiene las largas jornadas de trabajo y la poca capacitación hacia los empleados, son otra manera de explicar este fenómeno. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, “el salario real en México fue más bajo en 2022 que en 2008” y destaca que, “con excepción de México, en 2022 todas las economías emergentes del G20 exhibieron salarios mensuales promedio más altos en términos reales que la línea de base (2008)”. Tan sólo en 2022, ante los problemas inflacionarios ya mencionados, los trabajadores tuvieron un “recorte salarial real” importante que redujo su capacidad de compra.

Otra manera de explicar el comportamiento del consumo es a través de la confianza del consumidor y de sus expectativas. Al interior del indicador hay dos componentes que son relevantes, la expectativa de los consumidores respecto a cómo consideran que será la situación económica de los miembros del hogar y su percepción sobre las condiciones económicas del país dentro de 12 meses considerando la situación actual; ambos con pobres desempeños en los últimos años.

México debe implementar acciones para incentivar el consumo. Uno de los retos está en el mercado laboral por medio de mejores remuneraciones y empleos de mejor calidad que, como se publicó en este espacio la semana pasada, sólo se puede lograr aumentando la productividad, haciendo las cadenas de suministro más eficientes e invirtiendo en capital humano; la correcta orientación de la inversión pública y privada hacia los sectores más productivos se constituye en un factor que apoya

Estas y otras acciones orientadas a incentivar el consumo contribuirían a que la economía tenga una recuperación más dinámica, aunado al mejor desempeño esperado de la economía mundial. Hay que impulsar el círculo virtuoso de consumo, crecimiento y bienestar.

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