La democracia es un sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, el cual demanda la participación de la mayoría en la toma de decisiones, ya sea de manera directa (democracia participativa) o indirecta (democracia representativa). Así, aunque se trate de una misma urna y una logística similar, el sentido del voto puede variar considerablemente entre una y otra. Nos quedará más claro si comparamos la votación registrada en la elección presidencial de 2018 y al ejercicio de la revocación de mandato realizado hace un mes.

Si bien, el sistema democrático se ha sujetado a una constante evolución que lo ha llevado a integrar normas y mecanismos que favorezcan a las minorías, la democracia sigue siendo fiel a su eje rector: un gobierno de mayorías. Por ello, vale la pena preguntarnos si en México realmente prevalece la soberanía popular, si gobierna la mayoría o si se trata de una mayoría, pero de la minoría.

Durante la presentación de su iniciativa de Reforma electoral, el presidente López aseguró que: “No hay la intención de que se imponga un partido único. Lo que queremos es que haya una auténtica democracia en el país”. En su propuesta, Andrés Manuel habla de eliminar la censura, los distritos electorales, los tribunales electorales estatales y las prerrogativas para los partidos.

¿Por qué no pensar en la segunda vuelta electoral, en el voto público o en el reparto equitativo de los recursos para los partidos políticos y candidaturas independientes durante las elecciones? ¿Por qué no prohibir el uso de los colores partidistas en la imagen del gobierno? ¿Por qué generar condiciones que claramente darían ventaja a MORENA? ¿Por qué no entrarle (finalmente) a una democracia con piso parejo?

Además, el tabasqueño busca que los efectos vinculatorios de las consultas populares se reduzcan del 40 al 33%. ¿Por qué no pensar, mejor, en programas que promuevan el civismo y la participación ciudadana? ¿Por qué retroceder en lugar de ir hacia adelante? ¿Será que aspira a decisiones públicas tomadas por la minoría de la minoría?

Por ello, se requiere de una reforma incluyente y no impositiva, donde, además del presidente, legisladores y partidos políticos, el diálogo incluya a la ciudadanía. En algo sí estamos de acuerdo: la (verdadera) democracia es un principio inalienable de nuestra nación. También coincido en la importancia del voto electrónico y en la necesidad de ahorrar.

Por ejemplo, el financiamiento ordinario para los partidos políticos durante 2021 fue de casi 5,300 millones de pesos, la mayor parte la recibieron el Estado de México, Ciudad de México y Veracruz. Baja California ocupó el lugar número 11, mientras Baja California Sur estuvo hasta el final. Por otra parte, los Organismos Públicos Locales Electorales a los que más recursos se destinaron fueron el Estado de México, Veracruz y Ciudad de México. Baja California ocupó la posición 21, y Aguascalientes estuvo en último lugar. En total, fueron más de $13,000 millones.

Días después, AMLO emprendió un recorrido por Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba. En la isla elogió a Raúl Castro, a quien calificó como “parte de la historia”, y al “extraordinario presidente Miguel Díaz-Canel, un hombre honesto, trabajador, humano. Una muy buena persona, un buen servidor público”.

Ya nada más le faltan Nicaragua y Venezuela para completar su tour. A propósito, a diferencia de nuestro país, el artículo 136 de la Constitución venezolana establece que: “El Poder Público Nacional se divide en Legislativo, Ejecutivo, Judicial, Ciudadano y Electoral”. Será que, por eso, las elecciones en Venezuela sí son “libres”, “honestas”, “imparciales” y “auténticas”. ¡Ay nanita!

Post scriptum“La historia me absolverá”, Fidel Castro.

* El autor es doctorando en Derecho Electoral y asociado del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP).

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