A mí, con todo respeto, como dice el señor de Palacio, no me vengan a decir que este gobierno es de izquierda. Pues será de una izquierda muy peculiar porque la verdadera izquierda en el mundo siempre luchó a favor de la educación pública como uno de los vehículos más eficaces de movilidad social. Los países que han logrado una mayor igualdad social son aquellos con buenas escuelas públicas.

Aquí, sin embargo, a este gobierno le vale un pepino la educación pública. No sólo le ha recortado el presupuesto, sino que su gestión en la pandemia de covid-19 ha sido un desastre que condenará a toda una generación a un enorme rezago educativo. La más reciente decisión gubernamental es una vergüenza nacional. Me refiero a la cancelación del programa de Escuelas de Tiempo Completo.

Dicho programa comenzó en 2006, durante el último año del presidente Fox. Inició con 500 escuelas. El objetivo era mejorar la formación académica de los estudiantes de primarias y secundarias públicas extendiendo el horario en más de tres horas, para un total de seis y hasta ocho horas por jornada. Para el 2020 ya eran 27 mil escuelas en este programa que atendía a 3.6 millones de alumnos.

Escuelas de Tiempo Completo era una historia de éxito. Las pruebas ENLACE demostraban que los estudiantes de estos planteles tenían un mejor aprovechamiento académico que los de escuelas con horarios regulares. Las encuestas de satisfacción indicaban que alumnos, maestros, directivos y familiares evaluaban de manera positiva el programa. Los reportes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social eran favorables.

El programa, además, proveía alimentos en dos terceras partes de las escuelas.

De los 27 mil planteles, 19 mil se encontraban en zonas rurales e indígenas, es decir, atendían los municipios con mayores rezagos económicos.

Ni se diga de las externalidades positivas que generaba Escuelas de Tiempo Completo. Uno de los grupos más beneficiados eran las madres de los niños que ya no se tenían que preocupar por ir a recoger a sus hijos abandonando, para tal efecto, sus labores cotidianas. Al mismo tiempo, en un país tan violento como México, los niños se encontraban más seguros en las escuelas que en sus casas o en las calles de sus vecindarios.

Pero llegó la guadaña de la Cuarta Transformación.

El programa no le gustaba al Presidente. Con el mismo modus operandi, acusó que había “irregularidades” y, por tanto, se cancelaba Escuelas de Tiempo Completo para pasar al de La Escuela Nuestra, donde, según López Obrador, el control lo tendrán los padres y madres de familia. A ellos se les entregará el presupuesto y tendrán que constatar si hay horario ampliado y alimentación en las escuelas.

Eso dijo el Presidente. Está por verse porque resulta que la secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez, afirmó que se le dará prioridad a la infraestructura de las escuelas porque hay planteles que carecen de agua, sanitarios y otras necesidades básicas. Es cierto. ¿Y no se podrían hacer las dos cosas al mismo tiempo?

El tema, no nos hagamos bolas, es de dinero. El gobierno se está quedando sin recursos. En la medida en que se estancó la economía, no están recaudando los impuestos que proyectaron para este año. Con el incremento al precio del petróleo, ya dejaron de recibir tributos por la venta de las gasolinas. Cada vez es más claro que no les alcanzará para lo que presupuestaron en 2022. El gobierno, además, ya se gastó todos los ahorros que tenía en distintos fideicomisos. Así que ya sacó la guadaña en programas que, aunque exitosos, no le agradaban al Presidente, como Escuelas de Tiempo Completo.

Van a subsidiar la gasolina, lo cual favorece más a las clases medias y altas, pero cancelar Escuelas de Tiempo Completo, que benefician a los más pobres. Así las prioridades de este gobierno.

Va otro dato. El último presupuesto de este programa, antes de que comenzara la pandemia y se cerraran las escuelas, fue de nueve mil 564 millones de pesos en 2019. Ese mismo año, una de las instituciones consentidas del Presidente, Pemex, tuvo pérdidas por 346 mil 135 millones de pesos, ¡3,700% más que todo lo que costó Escuelas de Tiempo Completo! Quieren, supuestamente, “rescatar” a la petrolera mexicana a costa de la educación de los niños.

¿Es eso de izquierda? No, es de locos.

Por cierto, en una medida muy responsable, los gobiernos de Puebla, Michoacán, Querétaro y la Ciudad de México han anunciado que en esas entidades no se cancelarán las Escuelas de Tiempo Completo. Ahí parece que hay gente razonable gobernando, no demagogos que falsamente se presumen de izquierda.

 

           Twitter:@leozuckermann

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