Hablar del arcana imperii hoy en día, resulta ocioso. Ya no existe ningún secreto para gobernar. Desde hace un buen tiempo, en México se vive la alternancia en dos de los tres poderes que integran su gobierno y en sus tres niveles, hasta ahora.

Antes, el acceso al poder era muy limitado en México. Hoy se han registrado grandes avances en materia de democracia: el derecho al sufragio femenino en 1953; la reforma de Reyes Heroles en el 77; la creación y autonomía del Instituto Federal Electoral en los 90, y, por supuesto, la reforma político-electoral que resultó del Pacto por México de Enrique Peña Nieto.

Las instituciones contemporáneas tienen su origen en el gobierno de Elías Calles, allá a mediados de la década de los años 20. A partir de allí se fincaron las bases para la construcción de la vida institucional del país, la cual, a pesar de lo que múltiples voces declaran, hoy se encuentran amenazadas.

Ejemplo de ello, son los partidos políticos, los cuales se entienden como un conjunto de personas organizadas con base a principios y valores con los cuales se identifican. De acuerdo con el doctor Jaime F. Cárdenas Gracia, los partidos “son actores quizás irremplazables en el escenario político”. Y, aunque en la actualidad se encuentran bastante desprestigiados, han fungido como el vínculo entre la sociedad y el gobierno, es decir, han sido el medio de acceso al poder en un ambiente de competencia.

Desde mi perspectiva, los partidos políticos, como instituciones, son perfectos. Aunque dichas instituciones cobran vida por medio de los seres humanos, quienes son los responsables de la buena o mala reputación de sus partidos. Así que resulta lógico que el electorado desconfíe de ciertas instituciones, en especial cuando muchos de sus simpatizantes son sumamente incongruentes, por ejemplo, claman por la unidad, la institucionalidad, la disciplina y el bienestar de la sociedad, mientras “esconden la mano” después de haber hecho de las suyas.

Las elecciones se ganan con votos, si un partido político realmente quiere ganar debe ser competitivo y para lograrlo, sus militantes deben cohesionarse bajo el liderazgo del primero entre sus iguales, pensar en el bienestar colectivo y abandonar el capricho particular. Si los miembros de un partido realmente quieren servir y no servirse, entre todos deben construir lo supra; de lo contrario, se hundirán en lo infra.

Desde la educación básica se nos ha enseñado que -en español- la letra H es muda. Sin embargo, existen palabras que resuenan en la vida de los mexicanos: Hombre (como especie), hogar, historia, hermano(a), hazaña, honor, hechos, héroe, honestidad, horizonte, hora. Tal vez, y solo tal vez, es la hora de mostrar que, en Baja California, la H no siempre es muda, por el contrario, retumba.

Post Scriptum. “¿Mi filosofía? Sencillez unida a la variedad”, Hank Stram.

Colofón. Mi segunda propuesta para Tijuana es eliminar el cobro de estacionamientos en plazas comerciales, siempre que se consuma en las mismas, además de prohibir las tarifas excesivas en zonas altamente concurridas.

* El autor cuenta con una Maestría en Comunicación Estratégica y es doctorando en Derecho Electoral.

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El autor es escritor, catedrático y analista político, Estudió la Maestría en Comunicación Estratégica para Gobiernos y se ha especializado en Comunicación Contemporánea y Marketing Político; Ciencias y Desarrollo Político; Estrategias y Gestión de Campañas Electorales, y Formación Ciudadana Cívico-Electoral, principalmente.

Se ha desempeñado como servidor público federal y municipal así como en el extranjero; docente universitario, analista político y columnista. Es miembro activo de la Agrupación Política de Baja California, de la cual ha sido tesorero, secretario y presidente de la comisión de Educación, a través de la cual editó el cuadernillo cívico “Mi patria es primero”.

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