Hay que reconocer que el Presidente puso en la agenda pública los temas de la pobreza y la desigualdad. Vaya que México lo requería. Qué bueno que ahora se esté hablando de ellos. Pero una cosa son los tacos de lengua y otra muy diferente las acciones para cambiar la realidad. Una de las frases más repetidas por López Obrador a lo largo de su carrera política es “por el bien de todos, primero los pobres”. Bellísima. Pero una de sus peores decisiones de gobierno va a condenar a los más pobres a quedarse en la pobreza.

Pueden repartirles miles de pesos en efectivo en programas sociales. Pueden canalizar toda la inversión pública a los estados con mayores índices de pobreza. Pueden convencer al sector privado que también invierta en esas entidades. Y, sin embargo, los pobres no van a salir de pobres por una razón fundamental: por la falta de una buena educación.

La semana pasada, la mayoría del Presidente en la Cámara de Diputados aprobó las leyes para regresarle prácticamente todo el poder y las prebendas a los sindicatos en el manejo de la educación pública. Falta la aprobación por parte del Senado, pero ahí también tienen los votos para revertir las leyes que pretendían regresarle al Estado la rectoría de las escuelas públicas. Más temprano que tarde, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) volverán a mandar en el número de plazas, quién las ocupa, quién va subiendo en el escalafón e incluso, en los contenidos educativos.

López Obrador cedió. Él, que tanto se llena la boca hablando de la autonomía del Estado, claudicó a la hora de ponerles límites a los sindicatos magisteriales. No se quiso pelear con ellos. Prefirió llevar la fiesta en paz porque en su agenda no está proteger a los pobres en materia educativa.

¿Pues cómo va a defender la educación pública si AMLO envía a su hijo a una escuela privada, igual que la mayoría de su gabinete, de los diputados y senadores? ¿Por qué la élite política no los manda a escuelas públicas?

Pues porque no son tontos. Saben que sus hijos van a tener una mejor educación en un plantel privado. Así lo dicen los números. Del total de escuelas censadas, 86% son de carácter público y 14% son privadas. Los resultados de las pruebas estandarizadas (sean nacionales como Enlace y Excale, o internacionales como PISA) muestran que los estudiantes de las privadas obtienen mejores calificaciones que las públicas. Pero, ojo, esto no necesariamente implica que las privadas ofrezcan una mejor educación que las públicas. Las diferencias pueden deberse a que los alumnos en las públicas provienen de familias con menores recursos económicos, con padres menos educados y escuelas peor equipadas. En pocas palabras, que la desigualdad social se refleja en las escuelas: la gente con más recursos va a las privadas (incluyendo nuestra clase política), los pobres a las públicas.

Si de verdad tuviéramos un gobierno que le diera prioridad los pobres, sería la hora de que las escuelas públicas les compensaran a los pobres todas las demás carencias que tienen en su vida. Eso sí que sería justicia social.

No va a ocurrir, me temo, si el Estado le entrega el control de la educación a los sindicatos. Éstos, como ya hemos atestiguado en el pasado, van a tratar de desviar la mayor cantidad de recursos posibles para repartirlos entre sus líderes y agremiados en lugar de invertirlos para premiar a los mejores maestros o equipar las escuelas. ¿O ya se nos olvidó que, mientras muchos planteles no tenían baños, la líder del SNTE viajaba en avión privado y los señores de la CNTE se la pasaban protestando en la Ciudad de México?

Y no es que yo esté en contra de los sindicatos. Estos organismos son necesarios para defender los intereses de los trabajadores. Pero, como todo en la vida, si se les da mucho poder, abusan de éste. El gobierno pasado de Peña trató de limitarlos. Esto generó una reacción brutal. En la pasada campaña, AMLO decidió aliarse con los perjudicados. Hoy le están cobrando la factura y el Presidente, con puntualidad, la está pagando. Que se jodan, entonces, los pobres, sobre todo los de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz que son los que peor educación tienen de acuerdo a las pruebas estandarizadas. Total, algún día van a recibir una ayudita en efectivo del gobierno y si se ponen buzos, hasta alguna chamba agarrarán construyendo la carretera transístmica, la refinería en Tabasco o el Tren Maya. Para eso, y no para nada más, les va a dar su paso por la escuela pública.

Twitter: @leozuckermann