Ubicado en la cuenca del Río Alamar y el Cañón del Padre, al noroeste de la ciudad, nos encontramos un día de primavera, con una pequeña maravilla: Un viñedito muy propio, con casi unas 100 plantas de vid, rodeadas de árboles frutales tales como: granados, manzanos, membrillos, nísperos y una que otra higuera; unas plantillas de aromas exquisitos que hechizan el lugarcito de no más de mil metros cuadrados, así como coles de Bruselas, chilitos de esos muy mexicanos, arúgula, acelgas, tomatitos babys, calabaza peregrino (guaje o bule) y no podía faltar el limonero, el duraznito y una hermosa colmenita.

¡Pero!, hay un pero, que aquí no empieza esto; resulta que el Ing. Luis Federico es Ing. Electromecánico, agricultor por naturaleza dado su lugar de nacimiento en Jalisco y que hace no mucho fue alumno de Hugo D’ Acosta por un tiempo en el Valle de Guadalupe.

Hasta la fecha lleva tres producciones de casi unas mil botellas, resultado de un arduo trabajo y dedicación, entre las cuales salen a relucir un vinillo llamado Beatriche, homenaje a su querida esposa, que va desde un tempranillo, pasando por un merlot, cabernet y hasta grenache…Todo esto con tan solo el fin de agasajar a sus amistades y familia entre reunión y reunión, y porque no decirlo, una que otra vez oferta una que otra al mejor postor…

Hasta el momento es el único viñedito de esta índole en la ciudad de Tijuana, y porque no decirlo, más que viñedito, entre los que lo han visitado a manera de invitación por amistad, no podrán mentir, que es la calidez con la que hemos visto recibir a los agasajados por el anfitrión Don Federico Melchor, cuasi nombre de caudillo.

Así la historia…