Los océanos luchan por sobrevivir al deterioro causado por el calentamiento global —una terrible consecuencia del uso y abuso de los combustibles fósiles y otras actividades cero sustentables— y también por las millones de toneladas de plásticos y otros desechos que los ahogan, resultado del estilo de vida desechable del úsese y tírese.

Ambos, producto de nuestra negligencia y soberbia, llamado antropocentrismo. Además, por si eso no fuera poco, amenaza la diversidad de especies marinas.

La acidificación y el calentamiento de las aguas matan los arrecifes de coral, los cuales podrían desaparecer a finales de este siglo. Mientras que la sobrepesca, violaciones a la veda y pesca furtiva o ilegal están aniquilando y poniendo al borde de la extinción a varias especies.

De entre muchas víctimas está la vaquita marina, el único mamífero marino endémico de México, el cual lucha por no extinguirse a pesar de la falta de recursos —producto de la austeridad— para su protección y conservación.

La amenaza de desaparecer se agrava más conforme pasa el tiempo.

En 1996 se constituyó el Comité Internacional para la Conservación de la Vaquita (CIRVA), conformado por especialistas, desde entonces ya se sabía que corría peligro. Tras nueve años se publicó en el Diario Oficial de la Federación “el Programa de Protección de la vaquita dentro del área de refugio ubicada en la porción occidental del Alto Golfo de California”, cuyo objetivo fue establecer los lineamientos de conservación y promover los mecanismos para regular actividades productivas y así proteger y recuperar la población.

Para 1997 se calculó que había 567 ejemplares y, después de 19 años (2016), la población cayó a 30. A ciencia cierta no se sabe el número de ejemplares que aún nada en el Alto Golfo de California, pero, para este año, especialistas prevén la extinción, pues quedan seis o 19.

Poco se hizo en el pasado y poco o nada se hace hoy para evitar la muerte de la vaquita marina. Sigue quedando atrapada en las redes —hasta asfixiarse— destinadas a capturar el pez totoaba, otra especie que se apaga debido a la caza furtiva que enfrenta desde hace décadas, pues a su vejiga natatoria se le atribuyen poderes afrodisiacos y medicinales, por lo cual es muy cotizado en China.

La vaquita, con peculiares manchas oscuras alrededor de sus ojos y boca, es víctima colateral de los poderosos cárteles de la totoaba, tanto mexicanos como chinos. Pero, a pesar de ello, se aferra a la vida. Se niega a pasar a la lista roja de las especies extintas en el siglo XXI.

Hacia finales de agosto y principios de septiembre un grupo de científicos enfocados a la conservación del cochito, como también se le conoce, avistó seis ejemplares, siendo la primera vez que se observan en lo que va de este año.

De hecho, los científicos del Museo de la Ballena y Ciencias del Mar quisieron compartir con los medios de comunicación, agencias y redes sociales imágenes del avistamiento.

Por supuesto que el hecho ha significado una esperanza para la marsopa, pero lo cierto es que mientras no se cuente con los apoyos económicos y humanos, el destino final será pasar a la historia.

La semana pasada se supo que pescadores de San Felipe y Santa Clara enviaron cartas al presidente López Obrador, en las cuales informan que el 24 de este mes iniciará la temporada de camarón, por lo tanto, su captura, justo en el hábitat de la vaquita marina, donde hay veda desde mayo de 2015. De nueva cuenta, el peligro de las redes acecha.

La Federación no ha soltado los pagos compensatorios ni tampoco se ha liberado la pesca en el Alto Golfo de California y lo más seguro es que los pescadores se hagan a la mar en busca de su sustento, pero el costo podría ser elevadísimo para el país: dejar ir para siempre al único mamífero marino endémico de México.

Evitar a como dé lugar la extinción es algo que, por ahora, no está en el radar. Pero eso podría costar mucho. A finales de agosto pasado, la Conferencia de las partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres lanzó un ultimátum al gobierno de México para tomar medidas inmediatas y efectivas antes del 1 de noviembre para salvar a la vaquita marina, de lo contrario, vendrán sanciones comerciales.

A la vaquita marina se le agota el tiempo.