El crecimiento registrado por la economía mexicana entre el mes de enero y el mes de marzo fue de un paupérrimo 0,4 por ciento, a todas luces insuficiente si atendemos a las cifras del desplome económico de 2020, sin precedentes desde la época de la gran depresión.

A pesar de lo limitado del crecimiento durante el primer cuarto de un año que debería ser testigo de un gran crecimiento, desde la Secretaría de Hacienda mantienen la expectativa de crecimiento en un 5,3 por ciento, o eso se desprende del comunicado número 28 del ministerio, quizás confiando en que según un mayor porcentaje de la población esté vacunada el crecimiento vaya ganando en robustez.

Necesario avanzar en la vacunación
El Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, señaló en fechas recientes el efecto positivo que tendrá el avance en la vacunación del segmento de población comprendido entre los 40 y los 49 años de edad, no sólo en el objetivo primordial de evitar la mortalidad, sino también en el de mejorar los indicadores económicos, fundamental también para salvar vidas, ya que unas finanzas saneadas son las que pagan la factura de la pandemia -EPIs, vacunas y demás insumos farmacológicos- y sostienen el sistema sanitario.

¿Por qué precisamente es tan importante esa franja de edad para reactivar la economía y aspirar a crecer ese 5,3 por ciento? Pues como señalaba el trabajador público en su comunicado precisamente porque el grueso de la generación de riqueza se concentra en esa franja de edad; tienen los mejores salarios -aunque sea simplemente por la antigüedad acumulada- y sus cotizaciones sociales además son las que más aportan al tesoro público, además que suele ser el segmento de población que más capital puede arriesgar invirtiendo, siendo la inversión también una fuente de crecimiento.

México ¿destino de inversión para el 2021?
Según datos sacados de organismos de la administración pública, México ocupa la decimocuarta posición en el ranking de inversión directa extranjera, y nuestras autoridades lo achacan a la siguientes circunstancias; la situación estratégica del país -la cual convierte a México en puente entre el norte y el sur del continente-, el alto valor añadido de la manufactura mexicana -que exporta productos de alta tecnología-, una fuerza laboral comparativamente más barata que, por ejemplo, la estadounidense pero excelentemente formada, el tamaño del mercado interno mexicano -que con una población enorme y una economía que es la tercera a nivel continental tiene un potencial de consumo realmente alto-, la estabilidad política y la rúbrica de México de numerosos tratados de libre comercio, lo cual da fe de la apuesta nacional por el libre mercado.

Además el país cuenta con importantes reservas de recursos estratégicos como son hidrocarburos, los cuales no sólo son instrumentos de inversión para grandes fondos, ya que mediante brókeres como el popular Plus500 el petróleo se ha convertido, aunque arriesgado por su alta volatilidad, en un clásico instrumento en el trading con apalancamiento -herramienta esta última que hay que comprender antes de utilizar, por los riesgos que lleva aparejados- y también producen plusvalías para el Estado, ya que PEMEX, la petrolera estatal, es la auténtica joya de la corona de la industria nacional, y no sólo se encarga de la extracción del crudo y del gas natural, sino que también refinan el combustible, se encargan de su transporte y de su comercialización.

Aun así la crisis está pasando factura a la petrolera mexicana, ya que los bonos emitidos por la compañía están pagando unos rendimientos que prácticamente duplican a la deuda emitida por otras compañías de similares características según una comparativa publicada por Bloomberg el pasado mes de marzo, y si algo sirve para medir el nivel de riesgo de una compañía es la prima que debe pagar para colocar su deuda entre los inversores. ¿Será que la confianza puesta por el Gobierno mexicano en la niña bonita del sector empresarial estatal mexicano es desmedida? Lo cierto es que la compañía cuenta con activos muy importantes, pero su nivel de endeudamiento no se queda precisamente atrás, la cifra en la actualidad ronda los 110.000 millones de dólares, que equivaldría casi a toda la actividad económica de un país como Marruecos durante un año, algo peligroso si la crisis económica que va a suceder a la crisis pandémica es demasiado larga o demasiado fuerte.