He asistido a numerosas conferencias en los últimos meses donde los expertos parecen coincidir en que crear presencia en redes sociales resulta fundamental. Se habla de “influencers”, community managers, imágenes, logotipos, colores y branding. Pareciera que el mensaje contundente es subirse a una tendencia generalizada de conceptos rimbombantes que en teoría funcionan para todos.

En mi opinión no obstante esto no es un verdadero diferenciador. Hoy todo el mundo sabe manejar una red social y está consiente que lo que ahí se expone son imágenes, ideales discursivos y aspiraciones que no siempre coinciden con la realidad. Así, las redes sociales son en todo caso marketplaces de venta, mas no verdaderos forjadores de comunidades.

En tiempos de crisis, lo que hay que hacer verdaderamente es fortalecer los lazos humanos auténticos. Aquellos que parten de la vulnerabilidad, de compartir información esencial y apoyarse partiendo de la empatía. Este tipo de lazos no son fáciles de lograr dado que implican esfuerzo, sacrificio, seguimiento y confianza. Si se logran, tienen la ventaja de permanecer en el tiempo y adaptarse a los cambios circunstanciales económicos y políticos. De ahí su valor.

Aquí algunos principios de las redes reales de personas:

  1. Comparte abiertamente quien eres y que buscas: La reserva y confidencialidad te aíslan e impiden que otros compartan sus ideas contigo. Te priva de escuchar y aprender.
  2. Los nichos se crean por afinidades, no por mercadotecnia: La gente que te rodea debe de ser afín en ti en principios, integridad y visión de la vida. La clasificación en términos socioeconómicos es una división generada por algoritmos que no siempre se ajustan al justo valor de las personas.
  3. El contexto es secundario ante el contenido: La fiesta, el coctel, el lanzamiento, el super lugar…Todo ello es secundario. Una verdadera red de personas vinculadas entre sí inicia por compartir calidad de información y su relevancia en su vida diaria. El tiempo es más valioso que nunca ante un mundo tan vertiginoso y cambiante.

No olvidemos que la esencia del ser humano es social. El contexto y las redes de vinculación son sólo recipientes, mas no valores en sí mismos