“¿Por qué creen que se mueven las nubes?”, la voz del maestro suena entre los niños, estudiantes de primaria, que juegan a encontrar formas de animales fantásticos en los cúmulos cambiantes. Uno de los pequeños responde: “¡por el viento!”. El paisaje, convertido en aula, es insuperable. Esta historia transcurre entre llanos y cerros verdes, tonos para formar un catálogo, al lado de una laguna por cuyo borde corren caballos salvajes y niños en libertad.

Se trata del estupendo documental de Melissa Elizondo El sembrador, filmado en la comunidad Monte de los Olivos, Chiapas, que narra lo que sucede en la escuela primaria federal bilingüe Mariano Escobedo. Tanto la obra fílmica, como la historia y la forma en que se narra, son mosaicos de un México excepcional, hechos reales en un país donde (a pesar de que muchos de sus dirigentes se esfuerzan cada mañana en demostrar por qué no debimos haberlos elegido) transcurren historias que deberían llenarnos de orgullo y esperanza. Son parte del México lúcido que sí merece nuestra atención.

Mientras a cientos de kilómetros, en la capital del país, las instituciones desaparecen entre berrinches y manotazos desde un opulento palacio, en esta escuela rural la tolerancia y la diversidad son parte de la enseñanza, se habla español, tzotzil y tzeltal, en una única aula donde el profesor, indígena también, enseña los seis grados de primaria a cerca de 40 alumnos. Bartolomé Vázquez es el artífice de una convivencia en la que se practica la solidaridad, la colaboración y los valores. Visto con otros ojos, es una cátedra de estrategia corporativa donde un líder se vuelve modelo positivo para la comunidad y además es capaz de motivar a diferentes actores cuyas capacidades disímbolas, en vez de ser un obstáculo, se vuelven parte del desafío. El otro como recurso. Una lección avanzada de Estado.

Vale la pena ver este testimonio profundamente humano y escuchar sus voces y sonidos que, a diferencia de los efectos especiales de Hollywood, aquí son las expresiones naturales del contexto: el crepitar de la madera que arde en fogones caseros, el goteo abrumador de una lluvia espesa, pasando por algunos acordes de marimba, pulso de la cultura local. La fotografía, extraordinariamente cuidada, complementa una intención narrativa que verdaderamente nos transporta y nos vuelve cómplices de una mirada intrusiva a un mundo muy alejado de la ciudad, aunque muy cerca de la vida.

Podemos coincidir en que los mexicanos llevamos muchas décadas esperando un cambio. Quizá ahí radica el error, en que lo esperamos, como si fuera algo que va a llegar, de milagro y por la gracia de un mesías todopoderoso. Deberíamos tal vez cambiar el verbo, de esperar un cambio a provocar un cambio. Sembrarlo. Le doy la palabra al maestro Bartolomé: “La escuela es la punta de lanza para cambiar… El desarrollo de un pueblo se ve venir en las ventanas de la educación”.

Las enseñanzas de este profesor multigrado se dan en diferentes planos narrativos. Uno por supuesto es el que sucede en la historia, el otro cobra vida en lo que capta quien ve el documental. Se trata de un hombre que se ha propuesto no sólo informar sino formar, y que tiene muy clara la diferencia entre los dos conceptos. Además, lo hace de una manera divertida y amena, con profunda convicción humanista de quien sabe que está construyendo no sólo alumnos graduados, sino futuros ciudadanos para quienes el respeto al otro es fundamental. Lo que sucede en este paraje chiapaneco podría ser un curso de liderazgo e inspiración en cualquier universidad de prestigio.

Alguien dijo que un hijo es una pregunta que le hacemos al destino. Entre milpa tierna y montañas de fondo, los pequeños responden una pregunta que no escuchamos, intuimos, sueñan un futuro que merecen: doctora, licenciado, trabajador, maestro, piloto, sirvienta, cantante, bailarina, futbolista, carpintero, hacer casas, actor, chofer, soldado, maestra. Ahora que por la pandemia buena parte de la educación volvió a casa, ver el multipremiado documental de Melissa Elizondo es viento fresco. Un recordatorio de que en nuestro país también hay buenas noticias.

Mientras lees esto, un maestro rural no espera el cambio, lo siembra.

(Aquí lo puedes ver: https://www.filminlatino.mx/pelicula/el-sembrador/4343).

@eduardo_caccia