Spoiler alert (y, a su vez, trigger warning): este artículo trata sobre el aborto.

Ahora sí, empecemos.

Imagina que se realiza un estudio 100% serio y con todo el debido sustento y escrutinio científico detrás del mismo, en el que se comprueba que, si un hombre mantiene relaciones sexuales de por vida y diariamente con al menos una mujer, vivirá 100 años en vez de 50 (e insisto: imaginemos que está comprobadísimo y lo que le sigue).

Por lo tanto, el “piadoso” y bienintencionado gobierno (tan estúpido y destructivo, como de costumbre), le otorga el “derecho” al hombre a la sexualidad (es decir, que le “permite” acostarse con la mujer que guste, cuando guste y cuantas veces guste, so pena de encarcelar a aquel que ose “injusta e intolerantemente” interferir con el ejercicio de tan “sacrosanto” y “fundamental” “derecho” masculino).

¿Qué pasaría si se implementara semejante política pública en semejantes circunstancias? Bueno, pues lógicamente, los hombres, en su inmensa mayoría, vivirían ahora 100 años en vez de 50, lo que, sin lugar a dudas, sería algo sumamente positivo.

Por lo tanto, ¿por qué, aun tomando en cuenta los innegables beneficios de semejante política pública (citados en las anteriores líneas), ni tú ni yo (primero muerto, por supuesto) ni nadie con un gramo de decencia, implementaría ni estaría a favor de semejante locura?

Pues muy fácil: porque semejante política pública es prácticamente diabólica, repudiable y altamente criminal, debido a que implica que el gobierno obligue a las mujeres (a punta de pistola, literalmente hablando) a tener sexo con cuantos hombres elijan acostarse con ellas y cuantas veces elijan acostarse con ellas, y a eso, en mi pueblo, se le llama violación, y la violación es, sin lugar a dudas, uno de los peores y más violentos crímenes que pueda cometer ser humano alguno (por lo que, de manera consecuente, deducimos que semejante política pública sería, lógicamente, malévola y/o estúpida, por más bien intencionada que fuera y aunque pudiera producir algunos efectos secundarios suma e indudablemente laudables y positivos).

¿O sea que todo lo anterior significa que el prolongar la vida de los hombres, es algo malévolo y/o estúpido?

Por supuesto que no.

¿Entonces? ¿Por qué, exactamente (permítanme insistir), lo anterior resulta ser objetiva y enteramente atroz, inadmisible y mucho más que inmoral?

Adivinaste: porque, si debatiéramos sobre el asunto, podríamos caer en el gravísimo error de estar digamos que comparando peras con manzanas (es decir, mi necesidad de tener sexo contigo, con tu derecho a negarte a tener sexo conmigo, y, nuevamente -spoiler alert- mi necesidad de tener sexo contigo -incluso si el prolongar mi vida de forma más que considerable dependiera de ello- no se encuentra por encima de tu derecho a negarte a tener sexo conmigo, por lo tanto, de lo que en realidad estamos hablando es de peras -es decir, de los derechos inalienables de la mujer-, y no de manzanas -o, en otras palabras, de las necesidades físicas, por vitales que éstas puedan llegar a ser, de los hombres-).

¡Así de simple!

Es decir, en el tal vez ridículo ejemplo anterior, el tema que de verdad importa no es la salud del hombre, sino los derechos de la mujer (mismos, estos últimos, que tendrían que ser violentados en pro de las necesidades físicas del primero), ¿está claro?

Podemos pensar en una y/o en mil posibles soluciones para tal problema dentro de semejante, tan absurdo e hipotético panorama (promover el matrimonio, obviamente, y/o, en su defecto, abrir burdeles auspiciados por las Hermanas Promiscuas de la Caridad, o qué sé yo), pero la solución, en definitiva, no se encuentra en legalizar la violación y/o estigmatizar e incluso procesar a las mujeres que ejerzan su tan básico, humano, moral e inalienable derecho a no ser violadas por ningún hombre.

¿Estamos de acuerdo?

Bien, me da gusto.

Ahora, lo obvio: ¿qué tiene que ver todo lo anterior con el aborto?

Pues que ambos asuntos son, en realidad, extraordinariamente similares el uno del otro, es decir, que, con inmensa frecuencia, también estamos comparando, cuando debatimos sobre el aborto, peras con manzanas (en pocas palabras, nos aferramos de manera equivocada a hablar de la necesidad de la madre de deshacerse de su hijo prematuramente -o sea, antes de que éste nazca o llegue a término-, así como por medio del asesinato del mismo, y no del derecho de su hijo a no ser asesinado por ella, que sería, en todo caso, el tema de trascendental importancia a ser debatido dentro de semejante contexto).

Y es que, justo como recién lo he mencionado, el eje central del aborto (su tema cimero, aquel que es, literalmente hablando, de vida o muerte) no tiene nada que ver ni con la madre de la creatura ni con sus respectivos derechos como mujer (a menos que la vida de la madre estuviera corriendo peligro, por supuesto), ni con el padre ni los hermanos ni los abuelos ni con nadie más, sino con el feto que será asesinado en el proceso y con su derecho humano e inalienable a la vida (mismo que incluye, por supuesto, que su madre no lo mate por necesidad, a menos, como ya lo mencionaba, si su vida -la de la madre- corre auténtico peligro, obviamente).

De ahí la importancia de que el debate se enfoque, independientemente de tu postura personal y de lo que pienses al respecto, en si un cigoto, un embrión y/o un feto humano, es o no es un ser humano y/o una persona: si sí lo es (un ser humano), pues entonces no puedes matarlo, pues el hacerlo, sería cometer un asesinato (así de simple).

Si no es un ser humano, entonces ya podríamos argumentar en favor de matarlo, torturarlo y hacerle lo que se nos dé la gana, incluso a los nueve meses de gestación y ya incluso llorando a todo pulmón (siempre y cuando, por supuesto, el “feto” -para no llamarlo bebé y no vaya así a ofender la frágil sensibilidad de los abortistas- todavía tenga medio cuerpo en el interior de su madre).

Repito: si de lo que estás hablando es de la necesidad de la madre de deshacerse de sus hijos por medio del asesinato de los mismos (al menos de sus hijos que aún no hablan ni son conscientes ni racionales ni plenos poseedores de un libre albedrío, etc.), entonces ten al menos una pizca de valentía, de honestidad intelectual y de congruencia, y amplía el “derecho” de la mujer de asesinar a sus hijos incluso cuando estos últimos ya hayan cumplido al menos los dos años de edad (o hasta que ya hablen de forma fluida o hasta que cumplan la edad de consentimiento, y ya entonces puedan decidir por sí mismos si quieren o no ser asesinados por ti), y si no vas a hacer lo anterior, pues entonces enfócate en el debate científico sobre el tema (médico, biológico, embriológico, genético etc.), para que logres discernir, en estricto apego a la ciencia y a la realidad, si ese embrión humano es tan sólo un simple cúmulo de células vivas (al igual que uno de tus riñones) o es un ser humano, con ADN propio y toda la cosa (justo al igual que tú mismo).

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Egresado del Conservatorio de Música de Baja California en la carrera de composición y del Centro de Estudios Cinematográficos Cinefilias, donde obtuvo el doble diploma como realizador cinematográfico y guionista.

Realizó estudios de perfeccionamiento en Estados Unidos, Alemania e Italia, estudiando en algunos de los centros más importantes del mundo, como los estudios cinematográficos de Cinecittà en Roma, Italia y composición de música para cine con el maestro ganador del premio Oscar, Luis Bacalov en la reconocida Accademia Musicale Chigiana en Siena, donde además fue merecedor de la beca de excelencia académica.

Su primer trabajo profesional como productor ejecutivo lo realizó a los 16 años, con el mediometraje Marea Baja, dentro del cual también fungió como asistente de dirección, actor protagónico, guionista y compositor.

Ha obtenido diversos premios y reconocimientos nacionales e internacionales como cineasta, compositor, arreglista y director de orquesta, entre ellos el primer lugar dentro del concurso nacional de guión de cortometraje del Festival Internacional de Cine Judío de La Ciudad de México con Un día inolvidable, así como uno de los reconocimientos y apoyos que otorga a nivel nacional el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) con su guion de largometraje Funeral para una marioneta.

En televisión, destaca su labor como director y escritor en jefe de la exitosa comedia María de Todos los Ángeles (ganadora del premio TVyNovelas a mejor serie 2014 y transmitida en el horario estelar del Canal de las Estrellas de Televisa, así como en muchos otros países de Latinoamérica y el mundo). Actualmente, funge como asesor financiero de diversas casas productoras de cine y televisión de México y los Estados Unidos.