Cuando se escriba la historia de este sexenio se tendrá que mencionar el cambio de ciento ochenta grados entre la promesa de campaña de López Obrador y lo que finalmente hizo como Presidente en su relación con los militares. Como candidato, insistió en la necesidad de regresar a las Fuerzas Armadas a sus cuarteles porque la militarización de la seguridad pública no funcionaba. Luego, ya en el poder, no sólo le dio por completo el control a soldados y marinos de la seguridad pública, por medio de la Guardia Nacional, sino que le otorgó decenas de tareas más que les correspondían a los civiles.

López Obrador nos debe una explicación. ¿Por qué cambió de opinión con respecto al papel que jugarían los militares en su sexenio? ¿Por qué en lugar de retirarlos paulatinamente a sus cuarteles para que se dedicaran a la seguridad nacional decidió darles un poder sin precedentes desde que los civiles llegaron a la Presidencia del país con Miguel Alemán en 1946?

¿Cambió de opinión o, en realidad, ése era su plan y mantuvo escondida esta baraja?

Digo esto último por el cable confidencial que envió la Embajada de Estados Unidos en México al Departamento de Estado fechado el 31 de enero de 2006 que se hizo público gracias a WikiLeaks.  En él se relata la reunión del entonces embajador Antonio O. Garza con el entonces candidato presidencial del PRD, López Obrador, quien iba acompañado de José María Pérez Gay (QEPD) y Rogelio Ramírez de la O.

Cito lo que tenía en mente el hoy Presidente hace 16 años, de acuerdo a la plática que tuvo con el embajador estadunidense sobre el tema del incremento del consumo de drogas y los programas de combate al narcotráfico:

AMLO expuso su doble plan para combatir ambos problemas. Primero, dijo, quiere dar más poder y autoridad a los militares en operaciones antinarcóticos porque es la menos corrupta de todas las agencias de México y podría ser la más efectiva. Señaló, sin embargo, que esto requeriría una enmienda constitucional, pero creía firmemente que podía sacarla adelante. También explicó que darles más autoridad a los militares limitaría a la Procuraduría General de la República (PGR), que AMLO consideró demasiado corrupta para liderar la iniciativa antinarcóticos. La segunda parte de la ecuación, según AMLO, sería la consolidación de las dos organizaciones de aplicación de la ley e inteligencia regresándolas a la Secretaría de Gobernación (Segob). Propuso acabar con la Secretaría de Seguridad Pública y devolver la Policía Federal Preventiva así como el organismo de inteligencia (Cisen) a la Segob. El plan, como dijo AMLO, ayudaría a ahorrar dinero, acabaría con las luchas internas entre agencias y le daría a la Segob un papel más prominente en los problemas internos”.

Esto pensaba AMLO doce años antes de que tomara posesión como Presidente. Claramente ya tenía en mente darles más poder a los militares.

Sin embargo, López Obrador se pronunciaría en contra de la militarización de la seguridad pública conforme se fue incrementando a partir del sexenio de Felipe Calderón. En su última campaña de 2018, AMLO incluso protagonizó varios choques verbales con las Fuerzas Armadas por el tema de las desapariciones forzadas y su partido, Morena, del que era líder máximo, presentó una acción de inconstitucionalidad en contra de la Ley de Seguridad Interior que había aprobado la Cámara de Diputados en 2017 y reglamentaba la participación del Ejército y la Marina en el combate al crimen organizado.

Ahora el Presidente quiere trasladar por completo la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional por decreto o modificando las leyes secundarias, cuando esto violaría la Constitución que adscribe dicha organización a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana bajo un mando civil.

¿Siempre pretendió AMLO involucrar a las Fuerzas Armadas en la seguridad pública, más otras tareas, y lo ocultó o creía que el Ejército y la Marina deberían regresar a sus cuarteles, pero luego cambió de opinión cuando llegó a la Presidencia? Si es lo primero, engañó al electorado al no revelar sus verdaderas intenciones. Si es lo segundo, nos debe una explicación detallada de por qué dio un giro de ciento ochenta grados.

ACLARACIÓN Y DISCULPA

En mi última colaboración del jueves pasado mencioné un comentario de Denise Maerker en el programa Tercer Grado, de Televisa. Desafortunadamente, sin consultarme, el editor de la sección de Opinión entrecomilló dicha idea como si mi colega hubiera dicho eso textualmente. No fue así. Denise nunca dijo eso, tal y como apareció en la versión impresa del periódico, que pudo corregirse en la de internet. Lo lamento mucho. A nombre de todo el equipo de Excélsior, le ofrezco una disculpa sentida a mi muy respetada y admirada Denise.

Twitter: @leozuckermann