*Misión Rescate México BC trabaja en la integración del “Programa de Desarrollo Social, Acción y Participación Ciudadana” para combatir la delincuencia “desde su raíz”, dice el coordinador estatal, Manuel Alejandro Flores Pérez

En abril pasado, el periódico español El País publicó que “las seis ciudades más violentas del mundo están en México”; y más aún: que la segunda ciudad de mayor incidencia delictiva es Tijuana, sólo superada por Celaya, Guanajuato que ocupa el primer puesto. Y si esto no fuera suficiente, el informe, proveniente del organismo civil de carácter nacional Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal indicó que ambas ciudades “se mantienen en lo alto de la tabla sin mejora alguna”.

Ante esto, la delegación estatal del movimiento Misión Rescate México anunció que está integrando el proyecto que denominó “Programa de Desarrollo Social, Acción y Participación Ciudadana” que pretende colaborar con los esfuerzos que realizan las autoridades, así como otras organizaciones de la sociedad civil en el combate a esta problemática “desde su raíz”, dijo el delegado, Manuel Alejandro Flores Pérez.

Así, de la mano de la empresa consultora tijuanense con oficinas en la Ciudad de México Suppera, MRM BC integra un calendario de actividades que se prolongarán por entre cuatro a seis meses, a partir de las primeras semanas del 2022, y que consisten en la formación de un grupo de voluntarios, todos ellos estudiantes de los últimos semestres de las carreras de Derecho, Sicología y afines de las universidades locales, para que se conviertan en capacitadores que acudan a cuando menos una de las colonias más conflictivas de la ciudad para trabajar con los vecinos y revertir las actitudes “antisociales”, particularmente entre jóvenes de 12 a 21 años, que con el tiempo devienen en delincuencia.

“El programa de acción y participación ciudadana surge como una iniciativa para contribuir al desarrollo social de poblaciones vulnerables”, establece Suppera en su justificación; “los esfuerzos –indica–, están dirigidos a los adolescentes de 12 a 21 años en situación de riesgo. Las líneas de trabajo se centran en la prevención, abarcan la violencia y las adicciones por medio de una estructura de participación para que la población objetivo sea capaz de autodeterminarse”, y advierte que “todas las actividades se realizan con el legítimo interés de generar un beneficio social”.

En un estudio realizado previamente en varias colonias de Tijuana, Suppera detectó que en adicciones la edad promedio de inicio de consumo es a los 14.5 años, que el consumo se da principalmente en adolescentes donde el 27.5 % consume alcohol, el 11.3 % tabaco y el 15.6 % consume drogas duras, lo que suma el 54.4% de la población juvenil atrapada en las adicciones. El consumo de drogas se focaliza principalmente en estudiantes de primaria, secundaria y preparatoria.

La Encuesta de la Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (2014) del INEGI, por su parte, detalló que el 33.4% de los jóvenes de 12 a 18 años en la ciudad de Tijuana han sufrido algún tipo de violencia (en la casa, escuela y calle). En la ciudad de Mexicali dicha cifra asciende a 37.3%.

El estudio indica adicionalmente que los jóvenes de entre 12 y 21 años que han sufrido algún tipo de violencia escolar dentro de su escuela, en Mexicali son el 81% mientras que en Tijuana son 75.7%. Pero durante los últimos nueve años el porcentaje de violencia escolar se ha elevado en un 40%.

Todo esto es una olla de presión que tarde que temprano estalla con los resultados de una delincuencia que  mantienen a nuestra ciudad, y por consiguiente a nuestra sociedad, en los primeros lugares no solamente a nivel nacional, sino a nivel internacional, dijo Manuel Alejandro Flores Pérez al enfatizar que esto no se resuelve con más policías y más armamento, pues acciones de este tipo solo provocan una carrera delictiva que nunca termina.

Flores Pérez dijo que la mejor estrategia es cortar el problema desde su raíz mediante la prevención y para eso se buscará trabajar desde la célula básica de la sociedad que es la familia, orientando a sus integrantes y apoyándolos para que juntos cambien las conductas que actualmente se presentan en el seno familiar, que se replican en el entorno y que más tarde se convierten en violencia social.

El delegado en Baja California del movimiento nacional Misión Rescate México afirmó que evidentemente se trata de un reto difícil, por el esfuerzo prolongado que requiere, pero que el resultado puede ser fabuloso, pues puede generar una nueva cultura del respeto a la ley y de sana convivencia de la sociedad que aunque sea a largo plazo y en apenas una colonia, tendrá un impacto positivo en los índices delictivos, y mejor aún, “que el modelo puede ser replicado”, apuntó finalmente.