Sucedió como un acto más en una obra de teatro que pretende representar un cambio sustantivo en la vida del país. Alguien tras bambalinas gritó «¡Guía Ética para la Transformación de México, a escena!» y nos comunicaron la génesis de un documento que, según entiendo, sustituye a la prometida «Constitución Moral». Se trata de una serie de postulados reflexivos en tono de encíclica y aleccionamiento moral con el fin de «impulsar una revolución de las conciencias, esto es, construir una nueva ética humanista y solidaria que conduzca a la recuperación de valores tradicionales mexicanos y universales y de nuestra grandeza nacional».

Un texto de presentación expone los alcances y traza la idea general. Debo decir que los primeros tres son muy buenos, pero al cuarto se nos desbarranca el asunto, no con miopía, con ceguera: «El régimen neoliberal y oligárquico que imperó en el país entre los años ochenta del siglo pasado y las dos primeras décadas del siglo XXI machacó por todos los medios la idea de que la cultura tradicional del pueblo mexicano era sinónimo de atraso y que la modernidad residía en valores como la competitividad, la rentabilidad, la productividad y el éxito personal en contraposición a la fraternidad y a los intereses colectivos; predicó que la población debía acomodarse a los vaivenes de la economía, en vez de promover una economía que diera satisfacción a las necesidades de la gente; los más altos funcionarios dieron ejemplo de comportamientos corruptos y delictivos y de desprecio por el pueblo y hasta por la vida humana».

Aunque esta guía fue elaborada por varias personas, es un documento hecho a la medida ideológica de quien lo pidió. Aunque postula muy buenas intenciones, gran parte de ellas no las cumple el patrón de los escribas. Es una representación, una puesta en escena burda y tosca.

En la interpretación histórica resulta que la pérdida de valores se da en los años ochenta. Antes no. Hay que ser selectivamente ciego y perverso para hacerle creer a la gente que todo es culpa de un régimen, y no aceptar que desde la época colonial (como bien lo señala Germán Dehesa en «¿Cómo nos arreglamos?» Prontuario de la corrupción en México) Lope de Vega habla del «unto de México» para significar que el trámite oficial debe ser «aceitado». Para no manchar la cepa priista que tiene en su ADN político el Presidente, tampoco hay una referencia al régimen revolucionario institucional que, si algo institucionalizó bien, fue la transa y el enriquecimiento personal de los líderes.

El documento propone y la realidad se impone. López Obrador no pasaría la prueba de esta Guía. Algunas muestras: «3. De la dignidad. No se debe humillar a nadie». AMLO: «Reforma es un pasquín inmundo». «10. De la redención. No se debe enfrentar el mal con el mal. (…) Ante un infractor, las instituciones, la ciudadanía y los individuos pueden optar entre la creencia en la maldad innata y la convicción de que toda persona es producto de sus circunstancias y capaz de redimirse». ¿Recuerdan cuando el Presidente ordenó la salida de un funcionario por haber trabajado en los dos sexenios anteriores?, juzguemos esa acción con lo que postula el documento: «Para el conservadurismo y el autoritarismo, las actitudes incorrectas o delictivas deben ser objeto de castigo severo y las personas que las presentan han de ser separadas de la sociedad, degradadas y sometidas a una desconfianza permanente».

Los empresarios pueden dormir tranquilos. El documento acepta la generación de una «ganancia razonable». Supongo que pronto publicarán una tesis para explicarnos qué es «razonable» y los métodos para determinarlo. Quizá usen una consulta popular a modo, de esas con las que AMLO pisotea otro de sus principios: «Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie».

Tenemos un liderazgo conservador en el poder, no liberal; autoritario, no demócrata; que predica una ética que no practica, que usa doble criterio para juzgar asuntos similares; que lejos de generar el bienestar al pueblo, atenta contra éste por sus pésimas decisiones económicas y de salud; un líder enfermo del pasado y corto de miras ante el futuro.

Detrás de la máscara se esconde el verdadero rostro; su dicho es de liberal, su cepa de conservador.

@eduardo_caccia