A mi querido amigo, Canek Arenzano.

Tan ha comprendido el mundo entero (¡gracias a Dios!), los peligros letales de la extrema derecha, que la izquierda actual (al menos la más putrefacta y radical) ha tenido que redefinir el término, para ahora poder tachar de “fascistas”, de “supremacistas raciales”, de “nazis”, de “machistas” y de “ultraderechistas” a liberales y a básicamente a cualquier persona que se les oponga aunque sea un poco y/o que no considere que el comunismo y/o el socialismo son la panacea universal que nos llevará a todos, por igual, directito al cielo y más allá.

Pero la izquierda radical, a nivel mundial (y, nuevamente, a diferencia de la verdadera y, de manera afortunada, ya prácticamente extinta derecha radical contemporánea), se encuentra (de modo más que lamentable) vivita y coleando, como podemos constatarlo con la pura y descarada existencia en el mundo actual de regímenes de extrema izquierda, absolutamente totalitarios, como lo siguen siendo la dictadura rusa, la dictadura china, la cubana, la venezolana, la norcoreana y, por supuesto, el creciente amor y fanatismo por el socialismo y el comunismo incluso en países como Chile, México, y los mismísimos Estados Unidos.

Creo que podríamos afirmar que la derecha sin duda se torna mucho más que tóxica (genocida, para ser exactos y no andarnos con ridículos eufemismos de por medio) cuando emerge en sus entrañas el diabólico “juego” del supremacismo colectivista, ya sea de corte nacionalista o racial (aunque insisto de nuevo en que, afortunadamente, ya contamos con los dedos de una sola mano a los putrefactos y verdaderos neo nazis y fascistas que siguen creyendo en la supremacía de la raza aria o de cualquier otro tipo, o en la “grandeza” de cualquiera de los monstruosos tiranos que presidieron las infames potencias del Eje Berlín-Roma-Tokio, lo que, de forma mucho más que lamentable, también insisto que aún no sucede en la actualidad con las potencias genocidas de la izquierda radical, pues, con una alarmante abundancia, nos topamos en cualquier rincón del mundo con un nutridísimo número de directos y demenciales apologistas ya no sólo del comunismo y del marxismo en general, sino directamente de personajes enteramente macabros y asesinos como Mao, Stalin, Putin, Castro, Chávez, los Kim, el Che, Pol Pot y demás tiranos ultra izquierdistas).

¿Pero qué es exactamente lo que torna a la izquierda en una potencia genocida? Es decir, ¿cuáles fueron algunos de los errores morales, individuales, que transformaron a la Unión Soviética, la China de Mao, o los regímenes de Vietnam, Camboya, Cuba, Corea del Norte, etc., en auténticas tiranías asesinas e incluso genocidas? ¿Tan sólo la ambición y la malevolencia personal de sus líderes?

Creo encontrar al menos una misma moneda de dos caras en el núcleo de semejante perversión ideológica y política: todo empieza a irse al caño cuando no entendemos que la caridad es un acto voluntario. Es decir, el izquierdista radical, al igual que el izquierdista digamos que moderado, puede poseer una genuina preocupación cimera por ayudar a los pobres, sin lugar a dudas (es decir, que la vocación de dedicar su vida entera a los pobres y su respectivo mejoramiento material y de todo tipo, suele ser su objetivo central de vida, lo que evidentemente no tiene nada de malo, ni mucho menos). Pero el problema empieza cuando esa obsesión desbordada nos hace querer reinventar una esencia inmutable del universo: creer, como ya lo decía, que la misericordia para con los más necesitados, puede ser impuesta por nosotros a aquellos que consideramos en condiciones y/o con la obligación moral de ayudarlos.

La caridad es un acto personal hacia Dios y, en segundo término, hacia el prójimo que padece necesidad, lo que significa que, al momento de yo obligarte, a punta de pistola, a que regales todo tu dinero (o el porcentaje de éste que yo considere prudente que “regales”), ya no hay en absoluto acto alguno de piedad para con el pobre (puesto que tú no decidiste de manera voluntaria regalarle nada a éste), sino, más bien, lo que hay es un robo de mi parte en contra tuya (un robo redistributivo, pues supuestamente le daré parte de tu riqueza al que más lo necesita, pero, a fin de cuentas, nada menos que un criminal asalto a mano armada de mí hacia ti, y es justo ahí, entonces, donde comienza el peligroso y oscuro reinado de la izquierda radical).

El lado B de esa misma moneda, es la obsesión de la izquierda radical por lograr la igualdad absoluta de resultados entre todos sus súbditos.

Los seres humanos somos infinitamente diversos y distintos entre nosotros, tanto por culpa de la madre naturaleza y/o el destino y la suerte, como por culpa de nuestras múltiples, distintas y acumulativas elecciones personales (ya sean éstas buenas, malas o regulares), y debido precisamente a lo anterior, la única manera posible de garantizar una igualdad absoluta entre todos nosotros (no ante la ley, lo que claro que es sumamente positivo e incluso alcanzable, sino que hablo de la distopía extrema y aberrante que implicaría el logro de una total igualdad de frutos y/o resultados entre todos nosotros), para garantizar dicha igualdad absoluta, decía, tendríamos que esclavizar al débil (para así obligarlo, lógicamente en contra de su propia voluntad, a que logre resultados de mucha mayor envergadura de los que quiere o ha podido o decidido alcanzar) y/o, en su defecto, robar al fuerte (al rico), para hacerlo débil y pobre, y así poder entonces no sólo y supuestamente equilibrar la balanza cósmica empobreciendo a los privilegiados, sino incluso redistribuyendo parte de su expropiada riqueza entre los más necesitados (acción criminal en la que el izquierdista extremo no encuentra nada de malo, naturalmente).

En pocas palabras, la igualdad absoluta de resultados, es una enemiga acérrima e irreconciliable de la libertad (y justo que de ahí la experiencia empírica nos demuestre que la izquierda radical es tan radicalmente liberticida, que ha sido el único sistema ideológico de la historia que ha requerido construir murallas alrededor de sus dominios, pero no para impedir que enemigos externos los invadan, sino para intentar evitar que su propia población huya despavorida de los horrores de su propia tiranía totalitaria hacia países y horizontes mucho más prósperos pero, sobre todo, mucho más libres).

Por lo tanto, si amas a la izquierda y a los pobres, ¡felicidades, y todo el éxito del mundo con tus laudables y tan ejemplares buenos propósitos!, pero eso sí, evita a toda costa tanto el obligar a los pobres a que reciban una ayuda que no desean recibir (convéncelos de que la reciban, ¡pero no los obligues a ello!), y también evita obligar a los ricos a que ayuden a los pobres en contra de su propia voluntad (convéncelos de que lo hagan, ¡pero no los obligues a ello! -sé que la tentación de hacerlo puede ser muy grande, pero no debes olvidar jamás que, todo infierno y toda tiranía totalitaria, comienza con tan sólo un simple e “inofensivo” pasito en la dirección equivocada-).

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Egresado del Conservatorio de Música de Baja California en la carrera de composición y del Centro de Estudios Cinematográficos Cinefilias, donde obtuvo el doble diploma como realizador cinematográfico y guionista.

Realizó estudios de perfeccionamiento en Estados Unidos, Alemania e Italia, estudiando en algunos de los centros más importantes del mundo, como los estudios cinematográficos de Cinecittà en Roma, Italia y composición de música para cine con el maestro ganador del premio Oscar, Luis Bacalov en la reconocida Accademia Musicale Chigiana en Siena, donde además fue merecedor de la beca de excelencia académica.

Su primer trabajo profesional como productor ejecutivo lo realizó a los 16 años, con el mediometraje Marea Baja, dentro del cual también fungió como asistente de dirección, actor protagónico, guionista y compositor.

Ha obtenido diversos premios y reconocimientos nacionales e internacionales como cineasta, compositor, arreglista y director de orquesta, entre ellos el primer lugar dentro del concurso nacional de guión de cortometraje del Festival Internacional de Cine Judío de La Ciudad de México con Un día inolvidable, así como uno de los reconocimientos y apoyos que otorga a nivel nacional el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) con su guion de largometraje Funeral para una marioneta.

En televisión, destaca su labor como director y escritor en jefe de la exitosa comedia María de Todos los Ángeles (ganadora del premio TVyNovelas a mejor serie 2014 y transmitida en el horario estelar del Canal de las Estrellas de Televisa, así como en muchos otros países de Latinoamérica y el mundo). Actualmente, funge como asesor financiero de diversas casas productoras de cine y televisión de México y los Estados Unidos.