De acuerdo con las versiones oficiales, a su llegada, Hernán Cortés fue recibido por el emperador Motecuhzoma II con los brazos abiertos en 1519. Tal vez de allí deriva la hospitalidad que caracteriza a los mexicanos. Y, aunque algunas personas prefieren visitar a que los visiten, en el caso del presidente Andrés Manuel López Obrador, prefirió recibir a los representantes de las 33 naciones que integran la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Posiblemente, el presidente quería mostrarles los bellos murales de Diego Rivera o presumirles la fastuosidad del palacio que habita el presidente de México.

Volviendo a la CELAC, su origen se remonta al sexenio del expresidente Felipe Calderón, como lo recordó en su discurso el venezolano Nicolás Maduro y el canciller Marcelo Ebrard, en las redes sociales oficiales de la Secretaría de Relaciones Exteriores. El objetivo de dicho organismo es profundizar en el diálogo político y articular estrategias sobre el desarrollo social, la educación, la cultura, las finanzas, el desarme nuclear, la energía y el medio ambiente.

La cumbre no pasó desapercibida. Más allá de la agenda a tratar, sobresalieron los desencuentros entre los presidentes Luis Lacalle y Mario Abdo Benítez, de Uruguay y Paraguay respectivamente, con el cacique de Venezuela, Nicolás Maduro. Y, mientras estas dos naciones sudamericanas desconocen la autoridad de Maduro, Andrés Manuel lo recibe “feliz, feliz, feliz”.

Muy poco o nada abonó la cálida recepción y férrea defensa pública que López Obrador hizo al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. Su trato, con marcada deferencia, fue otra desazón política que se suscitó previo a la reunión internacional y en pleno desfile cívico-militar conmemorativo del inicio de la Independencia de México. El presidente cubano no se quedó atrás con sus flores y le dijo: “Permítame decirle, querido presidente, que Cuba recordará siempre sus expresiones de apoyo y su permanente reclamo por el levantamiento del bloqueo”. Si bien es cierto que, desde la concepción de nuestra Constitución Política se adoptó la idea de que México sea el amigo del mundo, la realidad es que hay de amigos a amigos.

Algo que sí debo reconocerle a AMLO es que haya recibido a la escolta de cadetes antes de dar El grito. Pues, desde hace años, he señalado que el protocolo debe modificarse, en virtud de que, hasta el año pasado, la escolta entraba primero al salón y, en consecuencia, la bandera de México debía “esperar” al presidente, cuando debe ser lo contrario.

Lo que sigo -y seguramente seguiré- esperando, es a que el o la presidente que encabece dicha ceremonia lo haga en solitario, dado que la presencia de la o el cónyuge en el balcón presidencial no es simbólica, menos necesaria. Como innecesaria también fue la participación de la “No primera dama”, durante la inauguración de la VI Cumbre de la CELAC.

Y, hablando de septiembre, el 18 de septiembre de 1996 es una fecha muy significativa para quien escribe, ya que, desde entonces, me he dedicado a la escritura. Gracias a Dios, las letras han sido mis más leales compañeras por 25 años y advierto que lo seguirán siendo por mucho tiempo.

Post scriptum: “La diplomacia es la política en traje de etiqueta”, Napoleón I Bonaparte.

* El autor es doctorando en Derecho Electoral y asociado individual del Instituto Nacional de Administración Pública.

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