El 6 de agosto, después de una década de viaje, el Rosetta se convirtió en la primera nave espacial en reunirse con un cometa.

Los cometas son un objeto de misterio en la astronomía. En su mayoría provenientes de los confines del Sistema Solar, puede haber sido a partir de los cometas que el agua llegó a nuestro planeta, y, plantean algunas hipótesis, el comienzo de la vida misma. Los cometas son pequeños cuerpos celestes rocosos compuestos de hielo y polvo que siguen órbitas excéntricas alrededor del Sol. A medida que se acercan a este, el viento solar, junto con el calor, crean la distintiva ‘cola’ del cometa, la cual puede llegar a medir millones de kilómetros. Quedan muchas preguntas por resolver sobre estos objetos enigmáticos, preguntas que el Rosetta, mediante un estudio comprehensivo del cometa,busca responder.

Por primera vez en la exploración del espacio, el satélite tuvo que maniobrar junto a un objeto que estaba acelerando. Originalmente, el Rosetta estaba destinado a explorar un pequeño y liso cometa conocido como 46P/Wirtanen. Sin embargo, un retraso en el lanzamiento forzó al equipo a reasignar la nave a otro cometa, el 67P/Churyumov-Gerasimenko, de mayor tamaño- cuatro kilómetros de superficie- y más difícil de alcanzar.

Tomó diez años, cinco vueltas al sol y un recorrido de 6.4 billones de kilómetros para que el Rosetta alcanzará su destino, el cual viaja a 55,000 kilómetros por hora. A una distancia de 400 millones de kilómetros de la Tierra, un mensaje de parte del equipo operativo toma al menos 22 minutos en alcanzar la nave. Las distancias son tan significativas que la secuencia de comandos requeridas para alcanzar el cometa el miércoles pasado tuvieron que ser enviadas el lunes en la noche.

La misión se vuelve todavía más ambiciosa en noviembre cuando, después de mover al Rosetta más cerca de 67P, se despegará una pequeña nave llamada Philae con la intención de aterrizar en el cometa.

El sitio de aterrizaje será identificado para mediados de septiembre, y Philae probablemente aterrizará alrededor del once de noviembre. El sitio de aterrizaje tendrá que cumplir con varios requisitos, entre ellos que el terreno no sea demasiado rugoso ni tan liso, ya que se teme que algunas partes del cometa estén cubiertas con una capa de polvo que podría causar que la nave se hunda. El Philae es operado mediante baterías que utilizan poder solar, por lo cual es necesario posicionarlo en un sitio donde haya suficiente luz solar, pero que no sobrepase el limite de calor que el aparato puede aguantar.

Inicialmente, el Rosetta orbitaba el cometa a una distancia de cien kilómetros. Actualmente, se ha acercado y ahora orbita a ochenta kilómetros, aproximándose constantemente hasta el momento en que el Philae aterrice.

Después del aterrizaje, el Rosetta continuará acompañando al cometa hasta el mayor acercamiento al sol en agosto del 2015 y algunos meses después, proporcionando información y fotos, ilustrando exactamente lo que sucede en un cometa cuando se aproxima al sol.

En este momento 67P se encuentra a aproximadamente 530 millones de kilómetros del sol. A medida que se acerque, el hielo en su superficie se calentará y partículas de gas y polvo serán expulsados, en lo que es conocido como la ‘cola’ de los cometas.

67P viaja en una orbita de 6.5 años que lo lleva más allá de Júpiter en su punto más lejano y en un punto entre las orbitas de Marte y la Tierra en su punto más cercano al sol. Rosetta acompañará al cometa durante un año a medida que orbita alrededor del Sol y de regreso hacia Júpiter. Y de ahí de regreso a casa.