Aunque no sabemos exactamente de qué forma López Obrador le planteó a Biden su idea de un nuevo acuerdo bracero, y mucho menos conocemos los términos de la respuesta de Biden, este planteamiento del presidente mexicano merece ser aplaudido, independientemente del destino que alcance. De la misma manera que debe ser felicitado Biden por haber planteado el proyecto de legalización de los entre 11 y 12 millones de extranjeros en Estados Unidos sin papeles, de los cuales seis millones son mexicanos. Las dos cosas juntas pueden alcanzar el equilibrio que tanto se necesita, y que hace 20 años fue bautizado con la expresión de la “enchilada completa”. Conviene recordar que esa fue exactamente la propuesta que el presidente Fox le hizo al presidente Bush y al Congreso norteamericano durante 2001 y 2002 y que, por múltiples razones, principalmente debido al ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre, no prosperó.

Es bien sabido que desde entonces se hicieron varios intentos internos norteamericanos de lograr algo equivalente: lo que se llamó la reforma migratoria integral. No prosperaron los intentos de los senadores McCain y Kennedy, ni del presidente Bush por su cuenta, ni de Barack Obama en 2013. De la misma manera, no es seguro que la propuesta de Biden y de López Obrador pueda salir adelante, pero conviene destacar sus méritos, así como ubicarla en este contexto histórico.

En cambio, AMLO había insistido que no proponía una legalización de los migrantes dentro de Estados Unidos, propuesta de Biden que él ya ha aplaudido, y en que hubiera más o menos trabajadores migrantes mexicanos admitidos a Estados Unidos con todas las de la ley. Eso era, según él, intervenir en los asuntos internos de Estados Unidos. Todo el mundo sabe que ese tipo de tonterías son las que más le gustan en lo que se refiere a las relaciones internacionales. Que ahora López Obrador plantee lo que antes rechazaba, no debe ser objeto de escarnio, sino al contrario, de felicitación por abandonar una postura que siempre fue absurda.

Ilustración: Belén García Monroy

Existen dos poderosas razones por las cuales no puede haber una política que verdaderamente cambie la relación migratoria entre México y Estados Unidos que no incluya ambas propuestas: legalizar el acervo de mexicanos ya existentes en Estados Unidos, y ampliar el flujo de mexicanos hacia Estados Unidos con papeles. Es cierto que en los últimos 15 años el número de visas H2A y H2B, que son prácticamente las que se otorgan a trabajadores agrícolas y de servicios, se ha ampliado enormemente. Pero eso no es suficiente.

Los demócratas en Estados Unidos siempre han sido partidarios de la legalización de los indocumentados y de brindarles un camino hacia la ciudadanía estadunidense en algún punto. Lo hacen porque responden a presiones de los sindicatos, de la iglesia católica, de grupos de activistas latinos e incluso de funcionarios electos demócratas que piensan que de los 11 a 12 millones de indocumentados que llegarían algún día a la ciudadanía, la enorme mayoría votaría por el partido de Biden, de Obama, de Johnson, de Kennedy y de Roosevelt. Tal vez exageran la proporción, pero el argumento en el fondo es válido.

A la inversa, los republicanos siempre se han opuesto a la legalización de los indocumentados por las mismas razones, pero siempre han sido partidarios de ampliar los programas de trabajadores temporales o estacionales, tanto en agricultura como en construcción, en la industria de hospitalidad, la jardinería y muchos otros servicios. Lo hacen porque los legisladores reciben apoyos de los agricultores de Texas y de California y de otros estados, y porque los grandes desarrolladores de todo el país también se benefician de una mano de obra más barata pero legal y no sujeta a castigos o penalidades por violar la ley.

Si no se combinan las dos posturas, legalización de indocumentados y ampliación de trabajadores estacionales con un eventual camino a la residencia permanente y a la ciudadanía para evitar la creación de una subclase “underclass”, no existe posibilidad alguna de obtener los votos necesarios.

Biden probablemente no incluyó ninguna propuesta para aumentar el número de visas H2A y H2B porque piensa hacerlo como una concesión a los republicanos una vez que comience la negociación en el Congreso. Y López Obrador seguramente se inmiscuirá menos en el tema de la legalización de los indocumentados de lo que buscó hacer Fox en su momento: para empezar porque López Obrador no entiende muy bien el tema y en segundo lugar porque simplemente no se le da hacer política internacional. Pero la propuesta conjunta es exactamente la misma con la diferencia de que ahora existen más probabilidades de lograrla. Enhorabuena. Y para los que fastidian que nunca tengo algo bueno que decir de López Obrador, ahora sí lo tengo.