Trump es un político diferente que ya saltó muchos obstáculos, que se veían imposibles de librar, para llegar a la Presidencia y permanecer ahí. Su siguiente aduana la tendrá que pasar el primer martes de noviembre de 2020, cuando se lleven a cabo las elecciones en su país para ver si se reelige o no como Presidente. En situaciones normales, los Presidentes en funciones tienen una gran ventaja de reelegirse, sobre todo cuando la economía está creciendo como en el momento actual. No es el caso de Trump. Las cosas no se ven nada fáciles.

A todas las complicaciones de Trump, ahora hay que agregar el inicio, en la Cámara de Representantes, de un proceso de investigación para declarar un juicio político (impeachment) y removerlo de su puesto. La presidenta de la Cámara baja, Nancy Pelosi, ya anunció la intención de hacerlo. Falta conseguir los votos necesarios de la mayoría demócrata, pero se da por descontado que así será.

Trump no aprendió. Ensoberbecido por haber liberado un juicio político por la trama rusa, sin rubor alguno, le solicitó al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, que el fiscal de ese país investigara un posible caso de corrupción del exvicepresidente Joe Biden, uno de los posibles candidatos presidenciales del Partido Demócrata, y su hijo Hunter. Al mismo tiempo, Trump dilató la entrega de millones de dólares a Ucrania, lo cual se podría interpretar como un posible chantaje para que Zelensky, efectivamente, aceptara la investigación que, por cierto, no parece tener sustento alguno. En una nuez, el presidente Trump habría solicitado la cooperación de un gobierno extranjero en su campaña para reelegirse, algo que está prohibido por la ley estadunidense y que podría representar un acto de traición a las reglas del régimen democrático.

Trump, desde luego, niega haber cometido delito alguno. Ya publicó parte de la conversación telefónica con Zelensky. Los demócratas, sin embargo, no quieren darle otra oportunidad. Varios representantes de este partido, del ala moderada, que se opusieron al impeachment después del reporte del fiscal especial por la trama rusa, ahora están convencidos de que es momento de comenzar este procedimiento por la trama ucraniana.

Los demócratas tienen los votos en la Cámara de Representantes para iniciar el juicio. Sin embargo, éste lo debe hacer el Senado y, para condenar al Presidente, se requiere una mayoría calificada de dos terceras partes de esta cámara. Mientras todo esto ocurre, Trump seguirá siendo Presidente. Un presidente dedicado a defenderse del juicio mientras hace campaña. Hay quienes piensan que esto le puede beneficiar en su estrategia de polarizar al electorado y hay quienes opinan que esto lo distraerá y quitará algunos votos en estados que requiere ganar para reelegirse.

Los republicanos, que tienen mayoría en el Senado, difícilmente van a votar con los demócratas para condenar y remover de la Oficina Oval a Trump. Lo que los demócratas quieren es que los senadores republicanos estén obligados a pronunciarse si están a favor o en contra de Trump, un Trump que habría violado la ley solicitando a un país extranjero su ayuda para atacar a uno de sus posibles contendientes.

Si de por sí se veía intensa e interesante la elección estadunidense de 2020, ahora, con el elemento del impeachment, esto se va a poner al rojo vivo. Washington arderá durante más de un año. Tendremos una elección aún más polarizada que la anterior de 2016.

Y México sufrirá.

Sí, vamos a sufrir porque, por un lado, tendremos a un Trump enardecido que, previsiblemente, será más duro con su piñata favorita, es decir, México y los temas de la migración, la frontera y el comercio. Por otro lado, ya podemos decirle adiós a la ratificación del Tratado México, Estados Unidos y Canadá de libre comercio en 2019 y 2020. Imposible pensar que la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes vaya a aprobar este acuerdo negociado por Trump cuando, al mismo tiempo, estarán investigando al Presidente para enjuiciarlo. En este sentido, la incertidumbre económica en México persistirá o incluso se incrementará.

Twitter: @leozuckermann