Sharif, quien formó parte de los líderes mundiales que se reunieron el pasado lunes en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, en la Cumbre sobre la Acción Climática, indicó que “las ciudades de todo el mundo constituyen la principal causa del cambio climático, pero también pueden formar parte de la solución”.

De acuerdo con un reporte de la ONU, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y probablemente esta cifra aumente a más de dos terceras partes para 2030.

“Los niveles de dióxido de carbono, el gas de efecto invernadero más común, alcanzó los niveles más altos de la historia, debido principalmente a la quema de combustibles fósiles para la producción de energía”, refirió la funcionaria, también defensora de políticas de planificación y desarrollo con perspectiva de género.

La enorme huella de carbono, creado por nuestras ciudades es el resultado de una mala planificación y diseño. “La dispersión a los suburbios con pocos medios de transporte público y hogares alejados del trabajo y de los comercios produce un aumento de coches en las carreteras emitiendo dióxido de carbono. Además, la mayoría de los edificios siguen utilizando combustibles fósiles para cubrir sus necesidades energéticas”.

La funcionaria destacó que la mayoría de las ciudades están ubicadas cerca del agua, lo que supone un peligro por el potencial aumento del nivel del mar y las tormentas. Al mismo tiempo, dado su destacado papel como centros de innovación y creatividad, también esperamos que nos proporcionen respuestas. Las soluciones e innovaciones en los sectores de energía, construcción, movilidad y planificación de las ciudades tienen el potencial de reducir considerablemente las emisiones.

Cambiando la forma en que planificamos, construimos, gestionamos y suministramos energía a nuestras ciudades y pueblos se pueden obtener enormes beneficios en la reducción de gases nocivos, aseveró la directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat).

Dijo que es urgente reducir la cantidad de dióxido de carbono producido en hogares y oficinas mediante la transición a edificios sin emisiones de carbono, que no usan ningún tipo de combustible contaminante para la calefacción, la iluminación, la refrigeración o la electricidad.

Para suministrar energía a nuestras ciudades debemos generar energía limpia y eficiente en relación con los recursos y alejarnos de los combustibles fósiles. “El coste de las energías renovables disminuyó desde 2009, tanto para la modalidad solar como para la eólica, y continuará bajando a medida que más personas la utilicemos”, comentó Mohd Sharif.

Añadió que la explotación y producción de materiales diseñados para la construcción, como el acero y el hormigón, así como los procesos de edificación generan dióxido de carbono, por eso el empleo de infraestructuras con bajas emisiones de carbono también reducirán las emisiones.

El transporte también produce cantidades significativas de emisiones contaminantes. “Las ciudades no deben planificarse en base a los coches, sino a las personas e invertir en transporte público sin emisiones de carbono, rutas peatonales y carriles para bicicletas protegidos”, mencionó.

El transporte público eléctrico, en base a energías renovables, podría evitar la emisión de 250 millones de toneladas de dióxido de carbono para el año 2030, así como mejorar la salud de los ciudadanos y disminuir el ruido y la contaminación atmosférica en nuestras ciudades.

Por otro lado, a medida que se descomponen los residuos orgánicos emiten metano, un gas de efecto invernadero mucho más peligroso a corto plazo que el dióxido de carbono, por lo que es fundamental minimizarlos mejorando los métodos de gestión de desechos y adoptando medidas para capturar y reutilizar las emisiones de metano de los vertederos, dijo.

Aclaró que “todo el mundo está amenazado por el cambio climático, pero los países en desarrollo son a menudo los más afectados. A menudo no tienen la capacidad de enfrentarse a fenómenos meteorológicos extremos y no cuentan con suficientes marcos de gobernanza para abordar los problemas climáticos”.

“Las ciudades de los países en desarrollo también se enfrentan a obstáculos en el acceso a la financiación del combate contra el cambio climático, como la falta de atención a las ciudades como prioridad estratégica. Por último, el cambio climático no respeta fronteras: afectará a todo el mundo y todos tenemos que actuar para detenerlo de inmediato”, finalizó