Trump: ¿Reto o Problema para la unidad nacional?

Nomás hay de dos sopas: de fideo o de jodeo  (Sabiduría anónima)

Ante la avalancha de premoniciones y advertencias de que “ya nos cargó el payaso”, me atrevo a colaborar a la misma, con un enfoque que comparte el llamado a la unidad nacional y otro que plantea la posibilidad de ver al presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump como un reto para revivir en nosotros la llamada unidad nacional.

Me vienen a la mente tres naciones que, en su momento, estuvieron al borde de la extinción: Israel, Japón y Alemania. Ninguna desapareció y, por el contrario, resurgieron de entre sus cenizas y se convirtieron en potencias económicas, políticas y sociales.

Israel, enfrentó la amenaza de exterminio a la comunidad judía durante el nazismo. El precio pagado fue de millones de víctimas y una economía devastada. Sin embargo, ante la tragedia se levantaron y conformaron una economía que a la fecha se mueve en todo el mundo.

Si observamos la comunidad judía en México funciona de tal modo que a los primeros que beneficia es a sus propios miembros. Por ejemplo, tienen panaderías, expendios de telas, ropa, carnicerías, lavanderías, restaurantes, etc. Todo lo compran entre ellos y nada sale de ese círculo, aunque sí entra lo que puedan comprar otros grupos sociales.

Con Japón, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki del 6 de agosto de 1945, mismos que causaron de inmediato 140 mil fallecidos aproximadamente y 70 mil, respectivamente. A 71 años de esa tragedia el pueblo japonés resurgió y hoy en día es líder en materia tecnológica, con una economía envidiable.

Alemania sufrió los estragos del periodo de Adolfo Hitler y la derrota final que los aliados le impusieron al pueblo alemán. Divididas en Alemania Democrática y Alemania Federal, ambas naciones demostraron que se puede ganar una batalla a un pueblo, pero la guerra se puede lograr con determinación y un espíritu de unidad nacional. Actualmente Alemania es una nación líder en La Comunidad Europea.

En estos tres casos hay un denominador común: la amenaza de exterminio y desaparición y una férrea voluntad para sobrevivir y marchar a la vanguardia mundial.

Ahora que en México estamos apanicados por el triunfo, para muchos, inesperado de Trump, una vez más se aparece el fantasma de la crisis severa para nuestro país. Se multiplican los exhortos que van desde el chauvinismo de comprar sólo productos mexicanos y dejar de lado a las tiendas extranjeras, hasta los que plantean sí una unidad nacional, pero dentro de lo que con Trump o sin él es una realidad: una economía globalizada.

México ha vivido situaciones de crisis que han llevado a pensar en revoluciones o amenazas de exterminio, pero siempre la “suerte” nos salva. De ahí que somos la sociedad que todo lo resuelve con el alambrito.

La llegada de Trump puede ser inquietante, pero si no olvidamos el abismo existente entre un candidato y un mandatario, debemos esperar cómo las presiones internas y externas llevarán al presidente electo a moderar sus bravatas para ganar la elección.

Como mexicanos tenemos la opción de abandonar el espíritu dependiente y la mentalidad de colonizado. Si hubiera llegado Hillary Clinton, también estaríamos depositando nuestras esperanzas en ella, sin advertir que ninguno de los dos candidatos norteamericanos iba a velar por nuestros intereses, sino por los de su país.

Aquí toma vigencia la frase del filósofo frances Charles Maurice de Talleyrand, respecto a que es el principio, ante el hundimiento del Imperio. Ciertamente nuestra situación no es a ese grado, pero sí advierte de la necesidad de reconciliarnos como nación y formar un frente común en el cual lo importante seamos los mexicanos para hacer valer ese dicho anónimo: malo vendrá que bueno me hará.