De Luis Nishizawa, pintor de padre japonés y madre mexicana, quien habría cumplido 102 años el pasado domingo 2 de febrero, el Centro Cultural Tijuana, organismo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, exhibe dos obras de caballete como parte de la exposición “Coleccionismo en la plástica del siglo XX. Colección Ayala -Muñiz”.

Nishizawa es uno de los pintores destacados del siglo XX mexicano, que el público tijuanense puede conocer a través de dos de sus piezas que se encuentran en exhibición en la Sala 2 de El Cubo. Se trata de “Barrancas del cobre” de 1976 y otra sin título de 1971, las cuales confirman la delicada maestría alcanzada por este pintor quien cuenta con su propio Museo-Taller en Nogano, Japón.

Hijo de padre japonés, Kenji Nishizawa, y madre mexicana, María de Jesús Flores, Luis Nishizawa fue uno de los artistas más destacados del movimiento muralista mexicano. Nacido el 2 de febrero de 1918 en Cuautitlán, Estado de México, forjó una trayectoria de amplio reconocimiento nacional e internacional que le mereció, entre otras distinciones, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1996. Tras una dilatada y fructífera trayectoria, Nishizawa murió el 29 de septiembre de 2014.

Pintor, dibujante, ceramista, vitralista, grabador, muralista y escultor, ingresó en 1942 a la Academia de San Carlos, donde fue alumno de Benjamín Coria, Julio Castellanos, Alfredo Zalce y Antonio Rodríguez Luna, entre otros artistas. En 1947 se tituló como maestro en Artes Plásticas y dos años más tarde, al lado de su profesor José Chávez Morado, formaría parte del grupo que fundó el Taller de Integración Plástica.

Con formación académica que le permitió dominar diversas técnicas, entre ellas acuarela, óleo, temple, aguafuerte, tinta, grabado, Ukiyo-e (grabado en madera) y estampa japonesa, así como incursionar en corrientes como el realismo, expresionismo, gestualismo, abstraccionismo, arte conceptual y figurativo, presentó en 1951 su primera exposición individual en el Salón de la Plástica Mexicana.

Su carrera despuntó a partir de entonces y en 1955 inició su labor docente en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, donde permaneció hasta 2003. También fue consejero universitario (1989-1993), además de titular de la cátedra Coghlan del Colegio de Sinaloa (2000).

Su universo plástico se enriqueció con los valores que asimiló de las culturas mexicana y japonesa. El artista comentaba que de su padre heredó la disciplina y de su madre la sensibilidad, dos elementos que fueron pilares en su vida y en su obra en la que plasmaba vivencias y recuerdos de su infancia, su relación con la naturaleza, paisajes, tradiciones populares, escenas costumbristas y personajes.

El artista presentó diversas exposiciones en el Taller-Museo Nishizawa de Nagano, Japón, así como en el Museo de Arte Moderno y en el Palacio de Bellas Artes, donde se montó la exposición-homenaje “Cuatro décadas”.

El pintor participó también en la Bienal Internacional de Tokio, Japón; en la Trienal de Grabado en Buenos Aires, Argentina; en la Bienal de Sao Paulo, Brasil, y en el Salón Nacional de Artes Plásticas, en México, entre más de 100 participaciones colectivas en Bulgaria y Estados Unidos.

De sus obras murales sobresalen las ubicadas en el Centro Médico Nacional Siglo XXI, en la Ciudad de México, titulado “El aire es vida”; en la unidad del ISSSTE en Celaya, Guanajuato, “Un canto a la vida”; en el Centro Cultural Mexiquense en Toluca, Estado de México, “El lecho del universo”, y en la estación de tren Keisei del Metro de Tokio, Japón, “El espíritu creador siempre se renueva”.

Entre sus trabajos más importantes destacan las pinturas de paisajes mexicanos, especialmente de volcanes, que lo relacionan con paisajistas como Gerardo Murillo Dr. Atl y revelan su influencia del arte japonés, según lo muestra su obra “Barranca del cobre”, que recuerda cierto tipo de paisajismo oriental que se expresa por medio de líneas y sombras para recrear las altas cumbres de este lugar que linda con el cielo apenas sugerido en esta obra de 1976, cuando el pintor rondaba los 60 años.

En cuanto a la otra pieza que exhibe el CECUT, carece de título y fue realizada por el autor en 1971 que a diferencia de la anterior recrea a cuatro personajes apenas delineados, cuya postura sugiere que están parados sobre un pedestal. Si bien ambas piezas fueron confeccionadas con técnicas mixtas sobre papel, es notorio el recurso de la acuarela, sobre todo en esta última, en la que los colores, de tonalidades tenues y deslavadas, dan la apariencia de cierto trazo deliberadamente diluido en el que, no obstante, se advierte alguna gestualidad en los rostros sobre cuerpos desnudos y semidesnudos.

Ambas piezas de Luis Nishizawa permanecerán a la vista del público hasta el próximo domingo 23 de febrero, día que finaliza la exposición “Coleccionismo en la plástica del siglo XX. Colección Ayala-Muñiz”.