Algunos me han comentado que, como neoliberal que soy, debo de estar contento con la decisión de López Obrador sobre los refugios para las mujeres violentadas en sus hogares. No lo estoy. Por el contrario, me parece una barbaridad. Una cosa es estar a favor de soluciones de mercado, cuando éstas sean posibles, y otra muy diferente es ver cómo se hacen malas políticas públicas.

Entiendo y comparto la decisión del Presidente de ya no entregar ni un peso más del presupuesto público a las organizaciones de la sociedad civil (OSC). Desgraciadamente, muchos cretinos utilizaron estas asociaciones para enriquecerse en lugar de prestar un servicio a su comunidad. Ya no habrá más abusos y corrupción con el dinero de los contribuyentes. Pero, por desgracia, pagarán justos por pecadores. Buenas OSC dejarán de recibir presupuesto público. Tendrán que vivir de donaciones privadas. Incluso, por lo que veo, existe la idea del gobierno de eliminar la deducción fiscal de los contribuyentes que realicen dichas donaciones.

Previsiblemente, muchas OSC desaparecerán, incluyendo las que operan refugios para las mujeres agraviadas y golpeadas en sus hogares por parejas o familiares. Se trata de un servicio vital para las mujeres en un momento crítico. Lo mejor para ellas es abandonar la vivienda y llevarse inclusive a sus hijos. Muchas no tienen adonde ir, sobre todo las más pobres. Las casas de familiares no son una opción porque ahí van a buscarlas los violentos para regresarlas a punta de golpes.

Tienen que encontrar un lugar donde las protejan y escondan. Hay gobiernos que financian y operan este tipo de refugios. Ésos seguirán operando con recursos públicos. Pero también existen las de las OSC que defienden derechos de las mujeres. Ahí vendrá el cambio: dejarán de recibir subsidios del gobierno federal.

A cambio, el Presidente ha dicho que les darán directamente el dinero a las mujeres para que ellas lo paguen. Muchas preguntas al respecto. ¿Cómo se los van a dar? En la desesperación de la huida, algunos con hijos en el regazo, ¿irán a una ventanilla a recibirlo? ¿O todas las mujeres recibirán un estipendio para guardarlo en un cochinito por si se ofrece algún día para escapar? ¿Cómo evitar que las mujeres no se gasten ese dinero para otros propósitos? ¿No sería mejor, como recomienda Milton Friedman, repartir vales (vouchers) que sólo pueden utilizarse para pagar los servicios de un refugio?

Con la política anunciada por el Presidente, previsiblemente aparecerán refugios privados que competirán para atraer la mayor cantidad de mujeres violentadas. Estas empresas tendrán incentivos para que haya mucha violencia familiar en México y así poder hacer más dinero. ¿Eso queremos?

En países donde se privatizó la construcción y operación de cárceles, esta industria logró que los gobiernos incrementaran las penas carcelarias y así tener más negocio. El resultado ha sido un desastre para el fin último de la política pública: la seguridad. Lo mismo podría suceder aquí. Tendríamos una industria de refugios con incentivos para que violenten cada vez más a las mujeres en sus casas.

Luego tendríamos otra falla de mercado: la asimetría en la información. Los proveedores del servicio (los refugios) tendrían más información que los clientes (las mujeres). ¿Cómo podrían saber, en la total desesperación, dónde refugiarse para que las protejan y escondan? ¿Cómo evitar que un dueño codicioso le hable a la pareja violenta para informarle que ahí se encuentra su mujer a cambio de una lana? ¿Cómo prevenir que el refugio no sea una peor opción que el hogar abandonado? Para resolver la asimetría en la información, el Estado tendría que regular los estándares de operación de los refugios.

En suma, hay cuatro soluciones. Una: dejarle al gobierno la operación completa de estos refugios. Dos: subsidiar y regular los refugios de OSC especializadas castigando, desde luego, a los que cometan actos de corrupción. Tres: darle a las mujeres vales que puedan utilizar sólo en refugios privados regulados por el Estado. Cuatro: entregar dinero a las mujeres para cuando requieran refugiarse.

La cuarta solución, la que propone AMLO, es la peor de todas porque no existe la certeza de que las mujeres utilizarán el dinero para un refugio. Quedan, entonces, las primeras tres.

Los neoliberales creemos que el diseño de una política pública debe hacerse a partir de criterios técnicos. Hay que evaluar las tres alternativas con datos. Con la evidencia empírica en la mano, escoger la mejor o una combinación que maximice los beneficios y minimice los costos para la sociedad, sobre todo para las mujeres amenazadas.

                Twitter: @leozuckermann