Llegamos a otro 15 de septiembre desubicados, o como diríamos los regios “norteados” entre festejar la noche del miércoles o solo mirar la televisión como parte de una costumbre ciudadana y amorosa a nuestra nación.

Este es el tercer año de celebración de nuestra independencia durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y su 4T que han puesto de cabeza a la mayor parte del país con argumentos divisorios, carencias sociales y los ya conocidos dimes y diretes de quién es más culpable y quién es la víctima.

La pandemia que ni domada, ni controlada sigue contagiando a una población, que en su mayoría, no está vacunada.

México en conflicto y los mexicanos confundidos, porque el Zócalo estuvo vacío por razones de salud y el efecto negativo que conlleva realizar eventos masivos, pero en la realidad fue una reverberación del estado de ánimo de la gente.

Porque estamos y no estamos, somos lo que apoyamos y claramente los que no apoyamos, los de la 4T y los anti 4T, los que miran las mañaneras y los que no, los que tienen trabajo y los muchísimos que se han quedado sin uno, los que hemos perdido familiares y amigos por el Covid19 y los que no, los que nos hemos vacunado y los que no.

Vivimos una crisis que poco a poco se extiende y se permea por la cotidianidad de todos y de todas, y para colmo el presidente continúa con su individualidad y afán de ser aplaudido, como para poner de fondo una grabación de la gente aplaudiendo y ovacionando en su discurso en el balcón de Palacio Nacional.

Entonces seguimos confundidos, porque nuestro México, lindo y querido necesita silencio y los ausentes el respeto.

Ayer fuimos testigo de un zócalo vacío, del Palacio Nacional con puertas y ventanas cerradas y de un presidente solo.

Una foto como la de hoy, no se acerca en lo más mínimo a lo que nuestros símbolos patrios nos hacen sentir, o a lo que los colores verde, blanco y rojo nos emocionan y sobre todo, lo que nos enorgullece cantar nuestro Himno Nacional, pero esto que vemos, no es precaución ante la pandemia, es una soledad que duele, una confusión por estar divididos entre los que sí estamos o no estamos.