El frío exponencia las carencias. Sus dientes y piel no sólo carecían de vitaminas y minerales, estaban roídos por la falta de nutrientes. Los cazadores de defensas de mamut de Yakutia viven de vender por kilo el marfil; el cazador de tesoros que conocí tenía una lancha armada con metales viejos, casi salida de una película de Mad Max y con ella recorría la ribera; él estaba con su piel curtida del frío. Mis colegas me explicaron la labor de aquél hombre. Vivía de vender lo que nosotros queríamos encontrar. Él para sobrevivir; nosotros para comprender el pasado. La pobreza en esa zona es manifiesta. La paradoja es que Yakutia es una de las provincias con más recursos a nivel global: hidrocarburos (petróleo, carbón, gas natural) y minerales y gemas preciosas. El 98% de los diamantes de Rusia se extraen de esa zona, de diez diamantes que hay en el mundo, dos salen de esas tierras. La explotación de personas y la desigualdad, es el camino.

En el 2004, año de ese encuentro, Rusia incrementaba su crecimiento y expansión posterior a la Perestroika; los nuevos ricos rusos estaban a la orden del día. Hoy, creo, hay más. En el 2013 se publicaba un artículo en el que se indicaba que Rusia era de los países con mayor desigualdad, según reportaba el banco Suizo Credit Suisse. Hoy el coeficiente GINI, que mide esa desigualdad, nos marca que México se encuentra en el lugar 119 y Rusia en  el 81. El coeficiente, expresado en puntos, establece que aquellos países que más se acerquen a cero están más equilibrados en sus diferencias, prácticamente no las hay, y que aquellos países que lleguen por arriba de 40 puntos están en una situación alarmante. La alarma suena porque la polarización entre ricos y pobres es caldo de cultivo para el antagonismo, el descontento y la agitación social.

Rusia tiene un índice de 37.7 y México de 43.4.  No extraña la guerra de chairos contra fifis que vivimos todos los días en redes; tampoco es de extrañar que veamos cómo descuartizan en las carreteras a ganado o que veamos el fenómeno intrincado de huachicoleros que dejaron de ser policías para obtener condiciones de vida mejores

Las soluciones del gobierno de López Obrador sobre la escalada de robo de combustible han sido ampliamente criticadas en las redes. Se ven como profundos actos de populismo y de dádivas para atraer votos.

Al igual que hace un siglo, la desigualdad está incrementando a nivel global. Soluciones planteadas por economistas respetados, están comenzando a ser escuchadas por los gigantes empresariales: quienes están discutiendo, en el corazón de Silicon Valley, cómo otorgar un salario básico universal. El trasfondo de ello es que las empresas reconocen el riesgo de que la polarización de ingresos los deje sin clientes: la única manera de mantener un ingreso es otorgando mejores condiciones de vida. El problema del siglo puede ser la desigualdad; la solución, repartir de manera más equitativa.

En un fascinante relato sobre los gigantes tecnológicos, Doulgas Roushkoff² se pregunta si lo que desean éstos al explorar el salario básico universal es mantener una clase que los siga manteniendo en la riqueza. Esboza una nueva forma de estabilizar su poder. Según un artículo de El País³  cinco de las empresas más grandes del mundo (Apple, Google, Amazon, Microsoft y Facebook) representan economías más poderosas que países enteros. Wallmart que no es uno de esos gigantes tecnológicos, si fuera un estado, sería la décima economía.

Finlandia ha realizado un experimento en el que con 20 millones de euros, apoya a 2000 desempleados sin imponerles condiciones: personas entre 25 y 50 años (los “ninis” fineses) reciben alrededor de 500 euros mensuales. El país nórdico decidió poner a prueba y ver qué sucedía con la medida del salario básico universal. Los resultados no han sido negativos. Sin embargo esa medida adoptada en enero del 2017 tiene por objeto el análisis de datos y probar qué tanto esas personas cambiarán su comportamiento. Muchos mexicanos argumentarán que la cultura finesa y la mexicana son dispares. La pregunta de fondo es experimental y situacional.

Nos seguiremos preguntando qué tanto tiene que ver la desigualdad con la violencia y el robo. En los tuits y memes posteriores a la desgracia en Tlahuelilpan, y derivados de las propuestas del presidente López Obrador, ha habido ácidas críticas que reflejan nuestra intrincada complejidad y desigualdad social. Se atribuyen dos tipos de pobres: unos con ética y otros sin ética. Esto para establecer que aquellos quienes roban combustible, aunque sean pobres, no tendrían justificación. Se pone en duda la premisa presidencial de que hay quienes roban por necesidad. ¿Estamos frente a una crisis ética? O simplemente nuestra sociedad responde a situaciones y condiciones.

En un experimento psicológico desarrollado en la Universidad de Cornell se intentaba reconocer qué situación activaba más el comer desmesuradamente palomitas en el cine: o bien al dar un bote pequeño o uno grande. El resultado es transversal, sin importar culturas: las grandes cubetas de palomitas hacen comer mucho más (cerca del 40%) y de manera casi insaciable. Al igual sucede con el consumo de azúcar.  Muchos podrían argumentar que es un acto de disciplina, lo que es claro es que los hechos hablan por sí mismos. El experimento genera el mismo comportamiento con personas que tienen diferentes hábitos alimenticios. Me pregunto si el cazador de tesoros de Yakutia hubiera tenido un salario básico universal habría hecho algo distinto que cazar tesoros.

Otro experimento desarrollado con simios capuchinos muestra qué tanto los mamíferos, principalmente primates, estamos cableados con un sentido de justicia. El experimento se hace con un par de simios capuchinos ubicados dentro dos cajas de acrílico, uno puede ver al otro. Una persona, frente a ambas cajas, tiene dos botes, uno con pepino y otro con uva. Es sabido que esos primates prefieren las cosas dulces: un plátano es más sabroso que una uva y ésta que un pepino. El experimento es darle un premio por un comportamiento a cada mono. Cuando éste pasa una piedra que está dentro de la caja a la persona, la persona lo premia dándole un pepino. Sin embargo, en un momento, la persona decide dar sólo a uno de los monos una uva. En cuando el otro se da cuenta, avienta el pepino a la persona. El comportamiento se repite varias veces. El mono está fúrico (ver video aquí).

¿Y si la desigualdad provoca dos impulsos opuestos? Esto independientemente de nuestra ética: uno de tener más, avaricia, y el otro de robar o ser violentos, hacer “justicia” por nosotros mismos. Si es así, será primordial pensar mecanismos para aminorar ambos polos, si es que queremos vivir en armonía en este planeta.  Estamos hablando de una vieja batalla filosófica sobre la naturaleza humana ¿nos guiamos por impulsos externos o internos? Sin duda hay evidencia de las dos. La moral como un desplegado, o una carta, es insuficiente: se necesitan sistemas que guíen el comportamiento. La pregunta detrás de esa guía moral es ¿cómo se acciona y se asimila por parte de una población?

El poder es también cultural y emocional: a través de la instrucción se logra empoderar a los demás. La confianza y la empatía son clave. La fundación Kennedy de derechos humanos, a través de Kerry Kennedy, lo han demostrado: la concientización es un vehículo de cambio. La conciencia es poder. El camino para asegurar que niños de 12 años de edad sean conscientes de lo que implica comer un chocolate. El 70% del chocolate que comemos proviene del trabajo de niños explotados en diferentes países: o esclavizados o trabajando ilegalmente. Cada que mordemos un delicioso chocolate un niño sufre explotación en alguna parte del mundo. Ahora que lo sabes, si eres un promotor de la moral, deja de comer chocolate. Lo que hace la fundación Kennedy es un proceso de empatía narrativa. Los niños tienen que escribir poesía, narraciones y demás historias siempre poniéndose en los pies de aquél que ha sido explotado. Los niños no dejan de comer chocolate, lo que hacen es que cada que un adulto les regala un chocolate, le dan de intercambio el relato o poema escrito. Ellos son los agentes de concientización. Con esos actos los niños toman el poder de cambiar.

¿Qué podríamos hacer para empatizar con el policía que se cambia al huachicol o con el ladrón de bidones? Sin duda, lo primero es entender su situación y su vida y después ir cambiando mindsets. Nuestros niños deberían de ser el comienzo para un programa de cero corrupción.


https://elpais.com/internacional/2017/05/23/mexico/1495496778_273384.html

https://medium.com/s/free-money/universal-basic-income-is-silicon-valleys-latest-scam-fd3e130b69a0

https://elpais.com/economia/2017/11/03/actualidad/1509714366_037336.html