En el final de la segunda película de la trilogía de Pepe El ToroUstedes los ricos, los pobres de una vecindad están alegremente celebrando una fiesta. De pronto, la señora rica entra a la vecindad. “Por favor, déjenme entrar, estoy muy sola con todos mis millones y vengo a pedirles, por caridad, un rinconcito en su corazón. Ustedes, que son valientes y que pueden soportar todas sus desgracias porque están unidos. Ustedes los pobres, que tienen un corazón tan grande para todo. Denme un pedacito. Ustedes son buenos”.

Generoso, Pepe El Toro le da la bienvenida a ese mundo de los pobres quienes, a pesar de sus desgracias, son alegres y con una moral intachable. Son humildes, bondadosos, familiares y fieles. Los ricos, en cambio, son materialistas y avaros que pueden comprar muchas cosas, pero no la felicidad. Por eso están tan solos en la vida.

La tres películas de Pepe El Toro (interpretado por Pedro Infante) fueron un exitazo en la taquilla. Hoy se consideran como joyas de la época de oro del cine mexicano. Escritas y dirigidas por Ismael Rodríguez, tocaron una fibra muy profunda en las emociones de los mexicanos. Es la lucha de clases de Marx llevada a la pantalla grande en un pastiche de la vecindad urbana que comenzaba a sustituir a las rancherías en México.

Gracias a la televisión, los éxitos de Rodríguez se reprodujeron durante muchas décadas y tuvieron un eco con varias generaciones de mexicanos. El mensaje de los pobres-buenos y ricos-malos se fue repitiendo durante mucho tiempo en el país.

Setenta años después, es una de las bases discursivas de la llamada Cuarta Transformación.

El gobierno actual, que ya está viendo, como todos, una caída profunda en el bienestar material, pretende reemplazar el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) ­—que mide el valor monetario de los bienes y servicios que produce un país—como una de las variables macroeconómicas más importantes para medir el desarrollo nacional.

Dice el Presidente: “Estoy ahora trabajando sobre un índice para medir bienestar, un índice alternativo al llamado Producto Interno Bruto, lo voy a presentar, un nuevo parámetro que va a medir, sí, crecimiento, pero también bienestar, también grados de desigualdad social. Se va a aceptar si hay crecimiento y hay menos desigualdad. Y otro ingrediente en este nuevo parámetro, en este nuevo paradigma, la felicidad del pueblo”.

Y agrega: “Tiene que haber crecimiento con honestidad, crecimiento con austeridad, crecimiento con bienestar, crecimiento con cultura, crecimiento con felicidad. Y eso antes se llama desarrollo”.

Otra vez, el genio comunicativo de López Obrador. Como sabe que este año tendremos una de las peores caídas del crecimiento del PIB de los últimos cien años, mejor desecha esta medida y la sustituye por otra.

Si el PIB estuviese creciendo al 4 por ciento anual, como lo prometió en su campaña, no estaría proponiendo tal cosa. Pero, al fin y al cabo, el Presidente es un político y los políticos inventan distracciones para que la realidad, en lugar de verse negativa, aparezca como positiva.

Me adelanto y apuesto a que la nueva medición que propondrá el Presidente será una especie de Índice Pepe El Toro. El IPET, por sus siglas, le dará más peso a la igualdad entre la sociedad, aunque no haya crecimiento del producto.

Igualdad que se logrará porque habrá más pobres en el país. Debido a la crisis actual, muchas familias de clase media pasarán a formar parte de las clases pobres. Mejor para ellos porque, al fin y al cabo, como en las películas de Ismael Rodríguez, los pobres son gente buena, alegre, humilde, bondadosa, espiritual, familiar y fiel. En una palabra: felices.

La felicidad tendrá un peso importante en el IPET, tal y como lo adelanta AMLO. De esta forma, se comprobará empíricamente que, hoy, México está mejor que antes del 2018 y, desde luego, irá mejorando hasta alcanzar un récord en su medición en 2024.

También apuesto a que mucha gente le creerá a López Obrador. Como, en su momento, se creyó la fábula de las películas de Pepe El Toro: ese mundo maniqueo de pobres buenos y solidarios frente a ricos malos y solitarios. Un mundo que toca una fibra muy emotiva y profunda que existe entre los mexicanos.

Bien podría ser el Producto Interno Bruto la rica de la película quien llega triste y derrotada a la vecindad. Y así le da la bienvenida Pepe El Toro a la fiesta: “Pásele señora, ahora no entra usted con los pesos por delante. Entró con una pena y el corazón en la mano. Ahora sí es de los nuestros. Aquí entre nosotros encontrará lo que nunca ha podido encontrar. Lo que más vale: amistad, cariño…”

 

Twitter: @leozuckermann