Las recientes lluvias torrenciales en diversas entidades del país, que han inundado al estado de Tabasco, es otra llamada de atención sobre el cambio climático. Está comprobado empíricamente cómo diversos ecosistemas se están modificando, provocando así graves afectaciones a poblaciones alrededor del planeta. Si no se hace algo para controlar el cambio climático, las consecuencias serán devastadoras. Mucho del territorio tabasqueño, por ejemplo, podría quedar anegado de manera permanente.

Nada más por esa razón, el mundo debería abandonar la generación de electricidad a partir de combustibles fósiles, como el carbón y combustóleo, que son los que más contaminan. Sustituirlos por energías limpias, como la solar, la eólica, la geotérmica o la hidráulica.

En el pasado, los países se rehusaban a hacerlo por un tema económico: salía más caro generar electricidad con fuentes limpias y renovables. Esto ha cambiado radicalmente en los últimos años gracias a nuevas tecnologías. El costo de la energía solar, por ejemplo, ha caído hasta un 90 por ciento. Hoy, tanto económica como ambientalmente, lo que más conviene a un país son las energías limpias.

Sin embargo, López Obrador, a quien le vale un conmino el medio ambiente, está haciendo lo contrario. Nos está regresando al siglo pasado, privilegiando la generación de electricidad con carbón y combustóleo, el residuo que queda del petróleo cuando se refina, el cual es altamente contaminante.

Para decirlo con claridad: el gobierno, a través de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), quiere generar electricidad más cara y sucia.

Una locura. Locura que tendrá consecuencias importantes.

En el plano ecológico, México no podrá cumplir con el Acuerdo París para reducir emisiones de gases de efecto invernadero. Nuestro país se había comprometido a tener un 35 por ciento de energía limpia para 2024 y 43 por ciento en 2030. Ni yendo a bailar a Chalma vamos a lograr este objetivo si la actual administración privilegia la generación de electricidad con carbón y combustóleo.

Y luego está el plano económico. Hoy, los costos de generación de electricidad de las plantas de la CFE, de acuerdo a datos de la Comisión de Regulación Energética, están cinco por ciento por debajo de la tarifa para demanda industrial en trasmisión. Una de dos: o el gobierno eventualmente incrementa las tarifas eléctricas para recuperar los altos costos de sus plantas, o las subsidia vía el presupuesto federal.

El problema ya no es sólo de la CFE, sino también de la secretaría de Hacienda. Supongo que a Arturo Herrera, quien está sacando agua de las piedras, no le hace ninguna gracia tener que encontrar dinero para subsidiar la generación de electricidad cara.

Para las finanzas públicas, lo que más conviene es la generación con fuentes limpias. La transferencia anual de Hacienda a la  Comisión Federal de Electricidad como compensación por pérdidas por subsidios fue de 81 mil millones de pesos en 2018 y a 75 mil en 2019. Si siguen con la idea de generar electricidad cara y sucia, pues esas transferencias van a incrementarse, a menos que suban las tarifas para los consumidores.

Históricamente, la Comisión Federal de Electricidad no había querido adquirir el combustóleo de Pemex por lo caro que cuesta la generación de electricidad con este insumo. Pemex, sin embargo, lo vendía a los barcos de la marina mercante. Sin embargo, una nueva regulación mundial para proteger el medio ambiente prohibió a las embarcaciones el uso de combustóleo. Ergo, Pemex tiene cada vez más de este producto sin saber dónde venderlo. Este gobierno ha decidido que el comprador sea la CFE, decisión que, de alguna u otra manera, acabaremos pagando los contribuyentes con mayores tarifas eléctricas o subsidios del gobierno federal.

Puede ser que la aversión del presidente López Obrador Manuel Bartlett, director de la Comisión Federal de Electricidad, a las energías limpias sea porque la mayor cantidad de estas plantas son del sector privado. La ideología, aunque económicamente no tenga sentido, juega un papel importante en este gobierno. Pero si eso es lo que les importa, hay una solución: que el sector público construya y opere plantas de generación eólicas y solares.

El problema es que necesitan mucho capital para hacerlo, capital que no tiene el gobierno.

La reforma energética de Peña permitió que los privados arriesgaran ese capital para venderle electricidad a la Comisión Federal de Electricidad, algo que, ideológicamente, choca con el estatismo del gobierno actual. Esto nos acabará costando más caro y seguiremos contribuyendo a calentar el planeta, modificar ecosistemas y poner en peligro a muchas de nuestras poblaciones, como las de Tabasco.

 

Twitter: @leozuckermann