¿Un Presidente tiene amigos que le digan la verdad? Difícil en un ambiente de tantos intereses como es la política. Bien decía el mandatario estadounidense Harry Truman que, “si quieres un amigo en Washington, cómprate un perro”.

No obstante, el individuo que ostenta el cargo de jefe de gobierno sí puede (y debe) tener amigos. Alguien que no solo lo acompañe en el difícil tránsito de la Presidencia sino que, como buen amigo, le diga sus verdades por más dolorosas que sean. Esto es muy importante en la medida que los mandatarios están rodeados de gente que sólo les hace la barba y les dicen que sí a todo. Los gobernantes necesitan un confidente que lo desafíe con la verdad.

La pareja puede desempeñar este papel.

Ciertamente puede haber subordinados del Presidente que lo enfrenten con la verdad. Hay ejemplos históricos, nacionales e internacionales, que así lo demuestran. Pero también es cierto que, por cada subordinado que hay con la honestidad de manifestarle la verdad al Presidente, hay diez barberos que se la pasan adulándolo y diciéndole lo que quiere escuchar. Existen muchos más casos históricos que así lo prueban.

Para el Presidente, otra manera de saber la verdad es por medio de la prensa, siempre y cuando exista libertad de expresión en el país en cuestión. Imposible que el líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, se entere de algo nuevo que no sepa leyendo la prensa de su país controlada por el gobierno. En cambio, en Alemania, por poner un ejemplo de país democrático con libertad de expresión, el canciller Olaf Scholz sólo tiene que leer los múltiples diarios que se publican en aquella nación para saber si la está regando o no.

El presidente francés François Mitterrand afirmaba que uno de los secretos para tener éxito en el poder era leer todos los días la prensa, por más tormento que fuera. Una prensa libre es fuente inagotable de información de todo gobernante. Eso no lo tienen los gobernantes autoritarios. Mao Tse Tung, por ejemplo, se tardó mucho tiempo en enterarse que había hambrunas en ciertas regiones de China; ningún subordinado se atrevió a informárselo y, desde luego, la prensa controlada por el Partido Comunista nunca lo reportó.

Esto todavía no ocurre en una democracia con prensa libre como en México. Aunque hay muchas presiones desde el poder, tal cosa existe a nivel nacional, por lo que el Presidente puede enterarse en ciertos medios de lo que está ocurriendo en el país.

Sabemos que el presidente López Obrador hace tremendos corajes todos los días cuando ve las notas que no concuerdan con lo que él cree que está ocurriendo. Vicente Fox, en cambio, confesó que él mejor ya no leía los periódicos: prefería foxilandia a la dura realidad.

En todas las democracias existen organizaciones de la sociedad civil que generan estudios independientes sobre temas públicos relevantes. Es otra forma que tiene un gobernante para informarse. Afortunadamente, en México todavía tenemos organizaciones de este tipo que pueden ser utilizadas por el presidente como fuentes alternativas de información. Desgraciadamente, como ya sabemos, a AMLO tampoco le gustan estas organizaciones cuando contradicen su versión de los hechos.

A final de cuentas, el tema es si un presidente tiene la voluntad o no de enterarse de la verdad, ya sea por medio de un amigo, colaborador responsable, la implacable prensa de una nación libre u organizaciones civiles autónomas.

Al respecto, cito la siguiente historia de un libro de Jim Collins:

“Winston Churchill entendió el problema de su personalidad fuerte y la compensó muy bien durante la Segunda Guerra Mundial. Churchill tenía una visión fuerte y tenaz: que Gran Bretaña no sólo sobreviviría sino prevalecería como una gran nación […] Armado con esta visión firme, Churchill nunca se negó, sin embargo, a enfrentar los hechos más brutales. Temió que su enorme y carismática personalidad hiciera que no le llegaran las malas noticias en su forma más cruda. Así pues, temprano en la guerra, creó un departamento separado de la cadena de mando normal, llamada Oficina de Estadística, enteramente dedicado a alimentarlo de los hechos más brutales de la realidad, sin filtros y actualizados. Confió mucho en esta unidad especial a lo largo de la guerra, solicitando repetidamente los hechos, sólo los hechos. Con los tanques nazis barriendo Europa, Churchill se iba a la cama y dormía profundamente: ‘no tenía necesidad de sueños esperanzadores’, escribió”.

Un Presidente puede tener convicciones inamovibles. Pero también debe abrigar la voluntad de escuchar la verdad por más dura que sea para su proyecto.

FuenteExcelsior

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