Extraños son los caminos de las guerras sucias en la política y los ataques ponzoñosos lanzados por políticos contra políticos porque los desnudan mutuamente. Y en esa tragicomedia, el ciudadano es burlado haciéndole creer que están ante un juego democrático, pero cada vez son menos los que caen.

Me intrigaba la andanada contra Anaya, porque se manejaba que era una especie de Plan B para el gobierno. O sea que alguien no confiaba mucho en Meade y el grupo neoliberal se preparó para tener una opción, todo con la idea de: 1) Preservar el modelo neoliberal y facilitar el enriquecimiento de los funcionarios de la mano de sus nuevos socios/amos; 2) proteger los intereses del gobierno al cambio de administración. Seguir la vieja regla de que nadie encarcela ni al presidente ni a su familia (rota brevemente por Zedillo). Alguien me mencionaba que en el círculo Peñista están muy preocupados con la posibilidad de que caiga preso. Lo que sería muy sano para empezar a romper la pesada impunidad, a ver si México sigue el ejemplo de Guatemala, Honduras, Israel.

Un comentocrata (el corrector de la computadora insiste en poner comento rata), usualmente sensato, publica una severa acusación. Sostiene que la andanada contra Anaya se debe a que después acordar en secreto con Peña/Videgaray, Anaya los traicionó acercándose a Salinas para que lo apoyara para la presidencia, no sabemos si Salinas aceptó asesorar o si lo haría como venganza porque no pudo imponer a su sobrina en la presidencia. Frente al fracaso en su intento, sugiere el comentocrata, sin decirlo abiertamente, que bajo el manejo de Salinas se desató una oleada de inestabilidad. O sea que es una ficción el desencanto y molestia generalizada existente en el país, hasta las explosiones sociales son manejadas por los titiriteros de la política.

El acuerdo secreto consistía en aceptar por Peña la nominación de Josefina Vázquez Mota a la gubernatura del EDOMEX y la aceptación de la candidatura presidencial de Anaya. (Lo que desbarranca la noción de democracia en el PAN). Lo que si entendemos es que gane quién sea los titiriteros nunca pierden. Y Anaya se metió entre las patas de los caballos, a saber que negoció Salinas con Peña mientras destrozan la carrera política del joven chamaqueado.

Nos dice el comentocrata que como parte del acuerdo secreto, Videgaray financió parte de la carrera de Anaya. ¿Con fondos públicos? Si esto es cierto, hay peculado, el que se castiga con cárcel.

Más allá de la guerra sucia, de la producción de mentiras, de usar a los medios de comunicación como arietes de intereses egoístas, las campañas mexicanas abordan el terreno criminal, se compran votos, se asesina a miembros de la oposición. Pero no hay de que preocuparse, aquí impera la impunidad y no sucederá nada aunque se denuncie en el periódico, o lo manejen los comentocratas. La publicación de los acuerdos secretos y las traiciones es parte del juego político y ya estamos acostumbrados a la regla de que el que se lleva se aguanta.

En México, se negocia en secreto, se traiciona en público, se ataca usando recursos públicos y a las instituciones del Estado, y la defensa debe hacer el teatro político para derrotar un juego sucio del que es parte, porque dada la naturaleza del sistema, queda inerme porque no puede mostrar que hubo doble traición, al negociar y al buscar a los enemigos políticos secretamente. Aunque vaya usted a saber bajo que condiciones se pueden romper los pactos secretos. En esas aguas fangosas se regodea la que dice llamarse una democracia. El gasto de miles de millones de pesos anuales cumple la función de tratar de ocultar el estercolero y para eso se presta la burocracia de platino.

Los viejos valores como la lealtad, la honestidad y la dignidad han quedado sepultados bajo una montaña de estiércol, pero este es un daño colateral que no requiere ser considerado, porque lo que está en juego es convertirse en parte de la oligarquía mundial que controla recursos naturales y una buena parte de la riqueza, lo que nos pueden contar Aspe, Téllez, Salinas, Gil Díaz, Lozoya, Suárez Coppel, Kessel, Zedillo, Oteyza, Blanco y una larga lista de vividores que aprovecharon el aparato del Estado para enriquecerse entregando los bienes nacionales. Véase como hundieron a PEMEX para entregar la riqueza petrolera aunque de paso hayan provocado un desastre fiscal, que ya pagaremos todos. Remember FOBAPROA.

Pensando bien al sistema, dado que todos mienten, todos traicionan, tal vez esa es la condición democrática que estábamos buscando, aunque como todo lo suplantado en México, al pueblo lo suplantaron los cleptocratas.