Me parecen positivos los nombramientos del Presidente para la Secretaría de Hacienda y el Banco de México, los dos brazos ejecutores de la política económica. Arturo Herrera será nominado por el Ejecutivo como gobernador del banco central y su puesto, como secretario de Hacienda, lo ocupará Rogelio Ramírez de la O.

En lo personal, me hubiera gustado que se quedara Alejandro Díaz de León como gobernador de Banxico. Creo que ha hecho una gran labor al frente de esta institución, una de las más sólidas y admirables del Estado mexicano. Sin embargo, era imposible que López Obrador lo ratificara ya que Díaz de León había sido nominado por el presidente Peña a recomendación del entonces secretario de Hacienda, José Antonio Meade. Es visto, con razón, como un funcionario identificado con el proyecto neoliberal que tanto disgusta a López Obrador.

Llegará, entonces, Herrera a Banxico (se da por descontado que el Senado lo ratificará). El exsecretario presidirá la Junta de Gobierno del banco central, que ya tiene a tres miembros nominados por López Obrador: Gerardo Esquivel, Jonathan Heath y Galia Borja. Con Herrera, sumarán cuatro propuestos por López Obrador de un total de cinco miembros.

El Presidente ha criticado algunas veces al Banxico —como cuando se enteró que no le transferirían recursos como parte de sus remanentes este año—, pero en general ha respetado la autonomía de la autoridad monetaria de nuestro país. Por su parte, Esquivel, Heath y Borja se han tomado muy en serio su papel como subgobernadores independientes del Ejecutivo, con decisiones responsables que han defendido públicamente con claridad.

Yo creo que Herrera hará lo mismo. Es un economista sólido que tiene una reputación profesional que cuidar. Como secretario de Hacienda fue bastante ortodoxo en el manejo de la política fiscal. De hecho, muchos lo criticaron por no endeudar más al país para que el gobierno pudiera gastar más y estimular a la economía durante la crisis del año pasado.

Otra cosa que le criticaron a Herrera es por no decirle que “no” al Presidente, como debe hacer un secretario de Hacienda, y como hizo su antecesor Carlos Urzúa. No creo que haya un solo funcionario del gobierno federal que se atreva a decirle que “no” a este Presidente. En este sentido, Herrera no podía ser la excepción del gabinete. Pero, con todo y esta especie de sumisión, el titular de Hacienda mantuvo las finanzas públicas sanas, lo cual ha contribuido a la estabilidad macroeconómica del país.

Ahora llegará a Banxico. La pregunta es si le dirá que “no” a López Obrador ya no como subordinado, sino como titular de una institución autónoma del Ejecutivo. Si yo tuviera que apostar, por su perfil profesional, diría que Herrera defenderá la misión del banco central, aunque lo presionen desde Palacio Nacional.

Conozco al nuevo secretario de Hacienda. Hemos dado pláticas juntos. Me parece un economista de primera con un negocio muy exitoso como consultor de grandes corporaciones internacionales.

Es, efectivamente, de izquierda, pero moderada. Más keynesiano que marxista. No podía ser diferente. Estudió su doctorado nada menos que en la universidad donde fue profesor el mismísimo John Maynard Keynes; Cambridge, en Inglaterra. Y hoy, a diferencia del pasado neoliberal, ha regresado con fuerza la idea que los gobiernos gasten más para estimular a las economías. Véase lo que está pasando en Europa y Estados Unidos. Una cosa que no ha entendido el presidente López Obrador, quien, en política fiscal, se acerca más al pensamiento de los Chicago boys que de Keynes.

La gran pregunta es si, con la llegada de Ramírez de la O, a Hacienda, cambiará la política económica hacia un mayor gasto público como está sucediendo en otros países. Y, desde luego, cómo se financiaría un incremento en el gasto: si con más deuda, con aumento a los impuestos o ambos. No está fácil, en este sentido, que el secretario le encuentre la cuadratura al círculo.

Quizá México pueda endeudarse un poco más ahora que las tasas de interés están más bajas. En todo caso, el gran desafío estará en una posible reforma tributaria que Herrera había prometido se realizaría durante la segunda parte del sexenio. Pero el gobierno ya tomó nota de lo sucedido en Colombia cuando el presidente Duque quiso subir los impuestos en pleno proceso de recuperación económica.

Ramírez de la O no la tendrá fácil. Celebro que haya aceptado dejar su exitoso negocio para dedicarse a la función pública. Tiene la madera para ser un buen secretario de Hacienda. Ojalá tenga éxito. Mucha suerte para él y Herrera.

 

Twitter: @leozuckermann