Reflexión de la Dra. Gabriela Muñoz.

La mala calidad del aire tiene graves efectos en la salud, enfermedades cardio-respiratorias como el asma, bronquitis e incluso ciertos tipos de cáncer, entre otras patologías que -se tiene identificado- aumentan la mortalidad del COVID-19. Ante esta relación, la comunidad científica, en especial quienes estudian la calidad del aire, han establecido, de manera preliminar, correlaciones entre calidad del aire-contagio-mortalidad.

La Dra. Gabriela Muñoz, directora del Departamento de Estudios Urbanos y del Medio Ambiente de El Colef, señala que se han realizado estudios sobre la calidad del aire en Estados Unidos e Italia, en los cuales han encontrado que “una concentración de un microgramo por metro cúbico (de PM 2.5), se asocia a un alza de la tasa de mortalidad de hasta el 15%, en Italia encuentran que puede haber una mortalidad de 2.7 veces más”.

La investigadora de El Colef explica que dentro de esta relación entre calidad del aire y COVID-19, también hay que considerar la calidad del aire interior. “Material de la vivienda, condiciones de hacinamiento; la habitabilidad de las casas es un riesgo de exposición para las personas, si tenemos una mala calidad del aire, de vivienda y de una ubicación lejana, sin pavimentación (entre otros factores de riesgo), se está acrecentando la exposición para las personas inclusive si están guardando cuarentena”.

La especialista en temas de calidad de aire y medio ambiente, puntualiza que una población expuesta a una mala calidad del aire, tendrá una condición mayor (de contagio) y menor probabilidad de enfrentar el COVID-19.