La ley dice que para el día 15 de noviembre tiene que estar aprobado el Presupuesto de Egresos de la Federación del siguiente año. Con la novedad de que estamos a 21 de noviembre y no tenemos Presupuesto. A ver si esta semana finalmente votan los diputados para aprobarlo.

Por lo pronto, no hay Presupuesto porque distintos grupos políticos se han movilizado para rodear el Palacio Legislativo de San Lázaro e impedir que los diputados puedan entrar a sesionar. Su principal demanda es que les mantengan o incrementen las partidas presupuestales. El gobierno de López Obrador, sin embargo, no cede. Quiere terminar con la práctica de darles dinero a estos grupos que viven de las rentas del Estado. Con toda claridad, el Presidente ha dicho que en su gobierno los apoyos a distintos grupos de la población se entregarán directamente, sin intermediarios. Esto, naturalmente, les disgusta a múltiples asociaciones que históricamente han recibido millones de pesos por su gran capacidad de movilización social. Los priistas decían que “problema que se arregla con dinero, problema que sale barato”. Con esa filosofía entregaban muchos recursos presupuestales a diversos grupos rentistas. Los panistas, con el afán de evitar problemas, siguieron otorgando estos apoyos.

Yo celebro que López Obrador le ponga un “hasta aquí” a varios de los grupos rentistas. Es lo correcto. Lo que no sé es cómo va a convencerlos para desmovilizarse y permitir sesionar a los diputados, porque este mismo gobierno ha dicho que no utilizará la fuerza pública para enfrentar protestas sociales.

En todo caso, los diputados podrían irse a sesionar a otra sede. El problema es que, según ha trascendido en la prensa, el gobierno no tiene los votos para aprobar el Presupuesto de Egresos de la Federación 2020, a pesar de que la coalición de Morena, Partido Encuentro Social, Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México tienen el suficiente número de legisladores no sólo para aprobar leyes secundarias, como el Presupuesto de Egresos de la Federación, con una mayoría simple, sino para reformar la Constitución con una mayoría calificada de dos terceras partes.

Si esto es cierto, lo que significa es que muchos diputados de la alianza que llevó al poder a López Obrador se han indisciplinado y no piensan votar de acuerdo a los dictados de Palacio Nacional. Quieren ellos sus propias partidas para repartirlas a su electorado. Están pensando, desde luego, en la elección de 2021, donde, por primera vez en la historia moderna, los legisladores podrán reelegirse. Para tal efecto, los diputados quieren dejar algún tipo de obra, servicio o apoyo en efectivo en sus distritos. El Presidente, sin embargo, quiere él repartir directamente todo el pastel presupuestario. Los incentivos, por tanto, están encontrados.

Alguien tendrá que ceder: el Presidente o los diputados o ambos. López Obrador, según también se ha filtrado en la prensa, tuvo una reunión con legisladores, donde solicitó que no le movieran ni una coma a la propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación 2020 que envió el Ejecutivo a la Cámara de Diputados. Éstos le habrían reclamado y hasta chiflado. Enojado, López Obrador se habría levantado de la mesa e ido sin despedirse. No parece, en este sentido, dispuesto a ceder para conseguir los votos de los diputados de su propia alianza de gobierno.

¿Cederán, entonces, los diputados? No lo sé. Lo que sí sé es que ellos llevan las de ganar porque, si se montan en su macho y deciden no aprobar la propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación 2020 de López Obrador, se tendría que ejecutar el Presupuesto de 2019, lo cual sería un dolor de cabeza para el gobierno, que tiene diferentes prioridades presupuestarias para el año que viene.

En conclusión, por un lado hay grupos rentistas que no quieren perder el dinero que solía repartirles el gobierno y seguirán movilizados; por el otro, diputados de la propia alianza de gobierno quieren llevarse su propia tajada presupuestal con los ojos puestos en la reelección de 2021 y no sabemos si van a ceder frente a la negativa del gobierno de no dar estas partidas.

Nada nuevo, por cierto, que no hayamos visto en otras democracias del mundo. Lo que está en juego es la pieza legislativa más importante de cada año, el Presupuesto de Egresos de la Federación, donde se reparten miles de millones de pesos de los contribuyentes. Muchos se pelean a muerte por un pedazo. En este sentido, México no es una excepción, ni en estos supuestos tiempos de una Cuarta Transformación de la vida pública del país.

 

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