Una base de datos es un conjunto de registros informativos. La información de cada uno es distinta, pero su estructura uniforme. Los diccionarios, enciclopedias, catálogos, mapas, censos, inventarios y directorios son bases de datos; así como el catastro, el registro civil, el padrón electoral, el registro de antecedentes penales y muchos otros.

Se compilan bases de datos desde hace milenios, por ejemplo: mapas de navegación y catálogos de estrellas. Pero el concepto general apareció con la informática. Según el Oxford English Dictionary, el término data-base fue acuñado en California por la empresa Systems Development en 1962.

Las series de televisión muestran la búsqueda en computadoras, y parece facilísima. Pero los datos no pueden ser localizados, cruzados ni tabulados si no fueron registrados previamente.

La creación de una buena base de datos es difícil. Todavía más difícil es mantenerla actualizada, depurarla y enriquecerla. Sin mantenimiento, las bases de datos se vuelven basura.

Una tradición lamentable de la administración pública mexicana consiste en decir que el padrón recibido era inservible, no sólo por sus limitaciones de diseño y falta de mantenimiento, sino por los malos manejos integrados a la base. No se investigan tales manejos ni se depura el padrón. Se empieza otro (desde cero), y a modo de los que llegan: con nuevos jefes, máquinas, papelería, credenciales y brigadas de casa en casa que recaben información y, de paso, adhesiones agradecidas a la nueva administración.

También es muy común que cada dependencia quiera tener su propia base de datos, en vez de aprovechar las que existen, como lo demostró la fallida interconexión de los registros policiales en la Plataforma México. Ahora lo reintenta Seguridad Pública (desde cero).

Cuando Gobernación, que tenía el padrón electoral, tuvo que entregarlo al Instituto Federal Electoral, se consoló inventando la Clave Única de Registro de Población (CURP), que movilizó a millones de personas, les robó tiempo y costó un dineral para entregar millones de credenciales innecesarias. Nótese el narcisismo herido de la palabra Única. No te confundas: este registro es el bueno, no el del IFE.

Para justificar el despilfarro, pidió a Hacienda que exigiera la CURP en diversos trámites, y hasta habló de mejorarla con datos biométricos en una cédula de identidad igualmente innecesaria, porque la credencial de elector funciona como tal. Para su feudo aparte empezó ¡con los niños!; asegurando que las fotos no caerían en manos de pedófilos, pero ignorando que la cara, la voz y la estructura de la mano de un niño van cambiando a medida que crece.

Los datos son robables y vendibles. La base completa del IFE apareció en los Estados Unidos (comprada por una bicoca). Los datos empresariales del Registro Federal de Causantes se han ofrecido a investigadores de mercado.

En la Ciudad de México hay ahora un ejército de 1,132 personas levantando un censo en 2.5 millones de viviendas («Labor titánica, el censo para apoyos», El Universal, 24/IV/2019). Como si fuera poco, otro ejército de 1,200 funcionarias «profesionales de la salud» de la CDMX «Explicarán nuevo plan de pensiones en visitas a casas» (El Universal, 9/V/2019).

Muchos apoyos ya existían con sus padrones respectivos, pero «se trata de eliminar la corrupción que se arraigó». Hay ejércitos semejantes en los demás estados, así como en los padrones sucesivos de Solidaridad (1988), Progresa (1997), Oportunidades (2002), Prospera (2014), Bienestar (2019) y seguramente Regresa (2025).

El registro de vehículos es importante, pero actualizarlo no requiere un cambio costosísimo de placas, que además congestionaba la ciudad y desperdiciaba el tiempo y el dinero de los automovilistas. Se hizo durante años y todavía se hace en algunos estados, como Morelos, donde el gobernador saliente borró la base de datos de 700 mil vehículos y el entrante ordenó empezar de cero («Gobierno de Morelos anuncia reemplacamiento de autos en 2019», Proceso, 7/XII/2018). No está de más recordar que el registro ha sido usado para el contrabando de automóviles y que alguna vez estuvo a cargo de un delincuente buscado por la Interpol.

El Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil no sirvió para nada. Los criminales siguen extorsionando desde las cárceles, a pesar del esfuerzo tirado a la basura de 62 millones de personas que registraron su celular.

Medalla de oro para el IMSS, cuya base de datos envía a las empresas recibos que exigen la hazaña de teclear, por ejemplo (caso real): 00HFDOYI – 4BSF – 1 – 7AWN – 3829 – 000N1L7 – 0000000 – 0000000 – 0000000 – 7GOL.