Finalmente, la Asamblea General de Asociados del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) aprobó las modificaciones al Estatuto Orgánico, una especie de Constitución de este Centro. De esta forma, se debilitan los órganos de representación de la comunidad académica en la toma de decisiones y se abre la puerta al nombramiento de José Antonio Romero Tellaeche como director general.

A favor votaron cuatro miembros de la Asamblea: los representantes del Conacyt, de las secretarías de Educación Pública y de Energía, así como del Fondo de Cultura Económica. En contra sufragó la Secretaría de Economía y El Colegio de México (Colmex). El Banco de México se abstuvo.

Lo primero que quiero destacar es el orgullo de ser exalumno del Colmex que votó en contra de esta barbaridad. La presidenta actual de mi alma mater así lo justificó en un comunicado que publicó en Twitter:

“No hay condiciones para presentar y aprobar propuestas de reforma al Estatuto Orgánico dado que el procedimiento en sí mismo no cumple con lo que dicho Estatuto señala […] consideramos que cualquier cambio a la normatividad requiere de la participación previa de los órganos colegiados, tal como está establecido en el Estatuto actual […] invitamos al desarrollo de un diálogo incluyente, que refleje la diversidad de opiniones y la pluralidad del CIDE, característica propia de toda institución de ese tipo. No es posible diseñar e implementar cambios institucionales sostenibles y trascendentes sin la participación de los órganos colegiados y, de manera amplia, de la comunidad del CIDE”.

Totalmente de acuerdo con la doctora Silvia Giorguli. Por desgracia, se quedó en la minoría. La mayoría, en cambio, le asestó un golpe durísimo a la institución. ¿Mortal?

No lo sé. Recupero lo que escribió mi muy estimado José Antonio Aguilar, profesor-investigador de esa institución, con quien siempre he compartido el ideal liberal:

“El 9 de julio de 1976 —un día después de que Luis Echeverría ejecutara el golpe político contra el diario Excélsior— habría sido difícil dudar del éxito de la maniobra. El Presidente y sus agentes se habían salido con la suya. Sin embargo, aunque el gobierno logró sacar a Julio Scherer de la cooperativa, a la larga esa acción resultaría en una derrota política e histórica para Echeverría. El golpe, una victoria pírrica, se volvió el epítome del autoritarismo del régimen posrevolucionario contra la libertad de prensa. Un hito simbólico, casi mítico, en la larga marcha hacia la democracia. El golpe creó un símbolo de resistencia. A veces los persas pierden en las Termópilas, aunque logren pasar. Algo similar podría estar ocurriendo hoy. El 24 de enero el gobierno de Andrés Manuel López Obrador asestó un golpe a la libertad académica al reformar ilegalmente y sin el concurso de la comunidad el Estatuto del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) para darle forma legal a la intervención política e ideológica en marcha desde agosto de 2021”.

Con gran acierto y visión, concluye Aguilar:

“Hoy, como en 1976, el gobierno autoritario podrá creer que ganó, pero la historia aún no está escrita. Si algo debió aprender la actual administración de Luis Echeverría, es que la narrativa de largo plazo no se controla desde Palacio Nacional. Nadie es dueño del destino de su personaje. Eso es lo que Jean Meyer, eminente historiador de nuestras guerras civiles, ha comprendido a cabalidad cuando afirma con aplomo que, al final, venceremos. Nos asiste la razón y la justicia. Y estas jornadas de estudiantes, profesores y trabajadores unidos contra la imposición autoritaria serán recordadas en el futuro como ejemplares. En cada estudiante del CIDE hay un David con un libro en la mano decidido a defender su futuro: el futuro de todos”.

Echeverría le dio un golpe durísimo a Excélsior. Pero este diario aquí está. Hoy estas palabras están siendo publicadas en sus páginas. Y aquellos periodistas que salieron ese día por la puerta de Bucareli pasaron la historia como de los mejores miembros de la prensa que ha tenido este país. En cambio, al Presidente que asestó el golpe se le recuerda como uno de los últimos dinosaurios del autoritarismo priista.

Todo mi respeto y admiración a la comunidad de profesores, estudiantes y empleados del CIDE que siguen resistiendo a un gobierno que quiere liquidar a esa institución académica. No cejen en su empeño. Ustedes son más grandes de lo que piensan. Tan grandes como todos aquellos que han luchado en la historia contra la estupidez humana.

 

Twitter:@leozuckermann

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