La pistola te está apuntando. Hay rifles de distintos calibres para todos los gustos y macabras sentencias, como un gran bazar de la violencia; el AK-47 destaca por su cargador en curva, también hay pistolas, miras telescópicas, un chaleco antibalas, gafas especiales y pasamontañas para esconder el rostro del crimen, un cuchillo de punta aguda y gruesa empuñadura, un avión privado que llevará la droga, una pick-up blindada, y en medio de este mortífero arsenal dos figuras humanas subrayan la vocación destructiva, sicarios con pasamontañas, uno amenaza con un cuchillo dentado como fauces de un lagarto implacable, otro con una pistola que no apunta a nadie, pero en realidad te apunta a ti. El arsenal debería importarte. Habla de lo que amenaza a tus hijos, habla del México que hay y del que viene, habla de Alex (cambié su nombre real), y Alex, autor de este dibujo que he intentado describir, tiene apenas 8 años.

Me faltó un pequeño detalle: a modo de encabezado, de dos nubes salen sendos rayos, tormenta fulminante que Alex ha firmado con el pseudónimo de “José Luis”, el capo en potencia que se desarrolla en la mente de un pequeño que creó todo esto tras responder a “Dibuja las cosas que te gustan”, en su taller de artes plásticas. Al preguntarle el motivo de usar un pseudónimo, respondió: “será mi nombre de sicario cuando sea grande”. La realidad ocultada, o mejor dicho, develada, Alex es el rostro del México que asegura una continuidad generacional en los índices de violencia, somos el país que cambió los hallazgos de cabezas olmecas por cabezas sin cuerpo. Alex no son todos los niños de México, pero muy buena parte de los niños de México que todos los días absorben, consciente o subconscientemente, grandes dosis de violencia que va, desde la aparente lejanía de la nota roja, hasta la violencia cotidiana de la calle donde habitan y aprenden su idea de vida.

Alex es el marcador de una contienda donde vamos perdiendo el futuro, a menos que…, a menos que haya más intervenciones como la que se hace en zonas de alta peligrosidad de la ciudad de Tijuana. Como parte del movimiento Tijuana Innovadora, que integra varias iniciativas que buscan lograr cambios sociales positivos, Casa de las Ideas hace talleres artísticos en zonas vulnerables. Los especialistas que atendieron a Alex hicieron un asombroso descubrimiento.

La influencia que tiene Alex para sus dibujos son los narcocorridos que escuchan en casa sus hermanos mayores. Alex tiene notables habilidades para la música, es entonado y de buen ritmo, lo que realmente le gusta es la música. Los especialistas determinaron que cambiando lo que entra por sus oídos cambiarán sus pensamientos, cambiarán sus aspiraciones.

Me dice Francisco “Tico” Orozco, director de Casa de las Ideas, rescatista de conciencias, enderezador de futuros, “el verdadero enemigo que enfrentamos es la aceptación cultural de la violencia y la delincuencia”. No puedo estar más de acuerdo con él. Éste es el principio por el cual ciertos fenómenos, como la corrupción, ¡sí son culturales!, forman parte de la cotidianidad, son pequeños actos tolerados que día con día suman para formar reglas de vida en una sociedad. “Cultural” no debe entenderse, en este contexto, como “endémico” o “racial”, sino como una característica social (de sociedad, entramado de relaciones humanas donde se escriben reglas). La buena noticia es que así como puede “formatearse” a un niño de 8 años, también una sociedad es objeto de cambio.

Entender el rol del modelo dentro de un sistema social es crucial para provocar un cambio. El modelo forja conductas, es idea de futuro. Cambiando el modelo podemos cambiar el sistema y la conducta. El reto es grande pero no imposible. Un niño que pretende estar en un estadio, desde el patio trasero de su casa, se puede divertir en grande, ¿por qué?, el juego es el fútbol, el juguete es la pelota, y el modelo es Messi; en la mente del niño, cuando él dispara el balón, se agitan las tribunas del Camp Nou.

Que alguien le diga al Consejo Nacional de Seguridad Pública: la cultura cura.