Yo no entiendo por qué, en México, sigue vigente la norma que posibilita a los legisladores votar de manera secreta.
Este método sólo sirve para ocultar maniobras oscuras y hacer trampas. Y eso fue lo que precisamente ocurrió la semana pasada en el Senado cuando se votó la terna para elegir a la nueva presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

Después de dos votaciones donde no se había conseguido las dos terceras partes requeridas por la Constitución, Rosario Piedra Ibarra fue elegida para presidir la CNDH por un escaso margen de un sólo voto.
De inmediato, comenzó la polémica.

Ricardo Monreal, líder de Morena en el Senado, informó, vía Twitter, que habían sufragado, en votación secreta con papeletas, 57 senadores de Morena, 3 del Partido del Trabajo, 4 del Partido Encuentro Social, 7 del Verde, 22 del PAN, 13 del PRI, 7 de Movimiento Ciudadano, 2 del PRD y un independiente. Según Monreal, el bloque opositor (se refiere a la suma del PAN, PRI, MC, PRD y el independiente) “hubiera sumado 45 votos.
Sería honesto aceptar que algunos votaron libres por Rosario Piedra. Agradezco ese acompañamiento”.

En otras palabras, gracias a la votación secreta, Monreal consiguió los votos de algunos opositores. ¿Quiénes? No sabemos porque así diseñaron el proceso de votación para esconder a los senadores que “acompañaron” a los legisladores del gobierno.
¿A cambio de qué fue el “acompañamiento”? ¿Cómo estuvo esa negociación?

No es que yo esté en contra de las negociaciones políticas. Para nada. Son una condición necesaria en toda democracia. Pero los ciudadanos tenemos el derecho de saber el resultado de dichas negociaciones comenzando por revelar cómo votaron nuestros representantes.
No se vale mantener en secreto las preferencias en una decisión tan importante como la elección del ombudsperson nacional.

Agréguese que los números no cuadran. Si sumamos los votos que reportó Monreal en su tuit, totalizan 116. La Mesa Directiva del Senado, sin embargo, sumó dos menos, 114, de los cuales 76 fueron a favor de Piedra, 32 por los otros dos candidatos y 6 abstenciones. De esta forma, de panzazo, por un pelito, Piedra consiguió las dos terceras partes.
Pero, según Monreal, votaron 116. Si así hubiera sido, 76 entre 116 ya no alcanza para la mayoría calificada.

Mauricio Kuri, líder de los senadores panistas, tuiteó: “Contamos voto por voto.

Hubo 116 senadores en la votación y Ricardo Monreal lo confirma. Lo que significa que Rosario Ibarra hubiera necesitado 78 votos para alcanzar las dos terceras partes y sólo obtuvo 76 votos. No ganó la elección, así o más claro”. Más allá de que Kuri confunde a Rosario Piedra con su madre, la duda ahí queda.

Duda que han estado repitiendo varios legisladores del PAN durante estos días demandando una nueva votación.
El fin de semana circuló un tuit de los senadores panistas:
“Ya encontramos uno de los dos votos que se robó Morena en la elección de la Presidencia de la CNDH.
La senadora Martha Guerrero cuenta 9 votos y sólo da cuenta de 8”. El tuit viene acompañado de un video donde efectivamente se ve el conteo de nueve sufragios a favor del candidato José de Jesús Orozco y la acreditación de sólo ocho.
Ese voto, por sí sólo, hace que Piedra no obtenga las dos terceras partes necesarias.

Monreal, por su parte, le dio pronto cerrojazo al asunto: “El proceso legislativo está agotado. Ella [Piedra] tiene características que la hacen confiable: honestidad, cercanía con la víctimas y autonomía; cambio radical para este importante organismo. Confiemos”.

¿Confiemos? ¿Así nomás? Yo no tengo nada en contra de Rosario Piedra. No la conozco. Alguna vez platiqué con su madre, quien siempre me pareció una mujer admirable frente a la tragedia que vivió (la desaparición de su hijo durante la llamada “guerra sucia”).
Igual y la hija resulta una excelente ombudsperson, igual y no. No lo sé. Lo que sí sé es que ni ella ni nadie merece ser elegida de esta forma: en una votación secreta donde los números no cuadran.

Para que no haya dudas, que se repita la votación y se haga pública. Que aparezcan en el tablero electrónico los nombres y apellidos de los senadores que apoyan a Rosario Piedra y si son de la oposición, que expliquen por qué votaron en contra de las directrices de sus partidos.
Si el Senado de la Repúbica está eligiendo a la persona que velará por los derechos humanos en el país, que comience respetando el derecho que tenemos los mexicanos a conocer la verdad.

 

Twitter: @leozuckermann

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