«Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más pena ni olvido»… Es una de las frases más reconocidas del famoso tango interpretado pot Carlos Gardel (con letra de Alfredo Le Pera). Y ahora que me encuentro en esta divina ciudad, sé a lo que se refería.
Buenos Aires es un destino singular, abierto, que integra y permite a quien la visita no sólo contemplar una ciudad sino vivir una experiencia urbana excepcional. Es una ciudad hermosa y peculiar que mezcla al Viejo Mundo con el Nuevo Mundo, quizá por eso se ha ganado el apodo de «la Europa en América».
En la embajada de El Vaticano en Buenos Aires
Buenos Aires fue fundada dos veces: La primera en 1536. Don Pedro de Mendoza, colonizador español, estableció el primer asentamiento y lo nombró: Ciudad del Espíritu Santo y Puerto Santa María del Buen Ayre. La segunda -y definitiva-, en 1580. Juan de Garay denominó el sitio Ciudad de Trinidad.
En el siglo XIX, el puerto fue el punto de llegada de la gran corriente inmigratoria promovida por el Estado argentino para poblar la nación. Españoles, italianos, sirio-libaneses, polacos y rusos le imprimieron a Buenos Aires el eclecticismo cultural que la distingue.
A lo largo del siglo XX, sucesivas migraciones -internas, de países latinoamericanos y de Oriente- terminaron de conformar a Buenos Aires como una ciudad cosmopolita en la que conviven personas de diversas culturas y religiones.
Buenos Aires ha sido siempre una ciudad de puertas abiertas. A sus habitantes se los llama «porteños», gentilicio que alude a la condición portuaria de la ciudad, y a quienes habitan en Buenos Aires se le llama bonaerense.
El espíritu de los porteños es cordial y hospitalario, muchos de ellos suelen organizar comidas en sus casas para agasajar a los turistas con platos típicos.
«Tomando café» con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares en el histórico Café La Biela
Grandes hoteles también encontramos en Buenos Aires, como el Meliá Buenos Aires, ubicado en la moderna zona de Catalinas a muy pocos metros de la famosa calle Florida y la elegante Plaza San Martín, haciendo de este hotel un sitio ideal para viajeros de negocios o turistas. Su ubicacion privilegiada ofrece la posibilidad de llegar caminando a la zona gastronomica de Puerto Madero, Calle Florida Peatonal o la exclusiva Recoleta. A escasos minutos del área financiera Plaza de Mayo, la Casa Rosada y la Catedral Metropolitana.
Su decoración es propia de un hotel de 5 estrellas, con suelo de mármol en el vestíbulo y muebles clásicos. En general, nos recibe con su estilo clásico, pero moderno.
En su restaurante Azorín, especializado en comida internacional, comimos unas deliciosas empanadas y bife de chorizo, acompañados por vinos de Salentien, bodegas Salentein pionera en la elaboración de vinos Premium en el Valle de Uco. Las condiciones ideales de la región para el desarrollo de la vid, combinadas con las cualidades únicas de sus fincas situadas a 1,050 y 1,700 metros de altura, y sus cinco diferentes microclimas, dan como resultado vinos de características excepcionales.
Argentina es el último gran descubrimiento del mundo vitivinícola. Nunca más encontraremos una superficie de viñedos tan extensa, una producción tan grande y regiones vitivinícolas inmensas tan desconocidas.
Simplemente, ya no hay en el mundo zonas productoras de vino de esta envergadura que queden por descubrir.
A pesar de esto, Argentina no es ningún pequeño rincón enológico, escondido en un valle perdido. Es el cuarto productor de vino del mundo (puesto disputado ni más ni menos que con Estados Unidos, cuya producción también incluye vino hecho de vides no europeas). Sus viñedos se desperdigan desde las alturas andinas del norte en Salta hasta el remoto y patagónico Río Negro en el sur. Argentina es uno de los gigantes del mundo del vino. Sin embargo, su riqueza enológica es poco conocida.
Y estando en este gran país, evidentemente aprovechamos para probar algunos de sus granes vinos de:
Bodega Colomé, que elabora desde 1831 los afamados vinos de altura. En los últimos años se han sumado la Estancia y el Museo James Turrell para ofrecer una experiencia única e inesperada en la inmesidad del Valle Calchaquí. El silencio mágico, el cielo estrellado y un sol radiante e intenso llenan de energía y sentido místico la experiencia Colomé. En la actualidad, esta bodega es un referente de los vinos de calidad y alta gama en Argentina; cosecha y elabora más de medio millón de litros y exporta sus vinos a más de 25 países en todo el mundo.
Amalaya: es el nuevo proyecto de Donald Hess en Argentina que se suma a Bodega Colomé y demuestra el compromiso y la apuesta de Hess Family Estates en la región de los Valles Calchaquíes en el Noroeste de Salta. Amalaya significa Esperanza por un milagro en lengua indígena; el milagro se hace revelación desde las entrañas del Desierto de Cafayate de una forma mística y mágica para brindarnos sus vides de excelente calidad. El círculo holístico, que es su isologo, refleja la fertilidad de la «pacha mama» o madre tierra. Amalaya tiene como hogar una bodega moderna, práctica y funcional, y tres Viñedos con sus diferentes suelos y microclimas, ubicados en Cafayate; en donde elaboran los vinos Amalaya en sus 3 versiones: Tinto, Blanco y Gran Corte.
Porvenir de cafayate: Cafayate es un pequeño valle aislado de características muy especiales, donde su clima desértico y sus suelos pobres, favorecen la producción de uvas de alta calidad enológica, logrando realizar fácilmente viticultura integrada, sustentable y orgánica. El principal factor que más influye en la vid es la amplitud térmica, debido a la altura, que permite que las uvas sean muy concentradas y al mismo tiempo maduras, lo que resultan en vinos con taninos suaves y redondos. Sus vinos: El Porvenir, Laborum y Amauta.
Con Elsie Méndez y Javier Salas
¡A bailar tango!
«Sin las calles y los atardeceres de Buenos Aires no puede escribirse un tango»… Dijo alguna vez Jorge Luis Borges, y nada más cierto, pues esta hermosa ciudad ha servido de inspiración para su gran música.
Estar en Argentina es también disfrutar del tango, así que no podíamos faltar a una deliciosa cena típica ambientada con la música y el baile que catacteriza a este encantador país. El lugar indicado fue el reconicudo Café de los Angelitos.
Hablar de Rivadavia y Rincón es hablar de una esquina de tango, es hablar del café de los Angelitos, en donde desde la mañana hasta en la noche es el café más tradicional de Buenos Aires.
De lunes a lunes, este emblemático lugar de encuentro de destacadas figuras nacionales de la cultura, la política, el deporte y el arte se enorgullece en abrir sus puertas para recibir a nuevos visitantes.
Con una serie de 350 fotografías especialmente seleccionadas incluidas en sus paredes, un palco donde en algún momento del día suena un bandoneón en vivo y con una decoración sobria y elegante crea el clima y el ambiente del siglo XX.
La ciudad de Buenos Aires recupera a una de sus gloria con este mítico café inaugurado en 1890 con el nombre de Bar Rivadavia por el italiano Bautisto Fazio, que se convirtió en punto de reunión de compadritos y malandras a fines del siglo XIX. Con instalaciones precarias y piso de tierra, el lugar fue escenario de los duelos verbales de los payadores Gabino Ezeiza, Higuito Cazon y Jose Betinotti.
Aquí se disfruta de una noche llena de música y una cena formidable; se es testigo vivo de más de cien años de historia porteña y de la vanguardia del tango, así como hacemos un recorrido lujoso y distinguido con su show por toda una época.